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La ley

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LA LEY
Por Fr?d?ric Bastiat

La ley, ?pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la naci?n, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo l?gico. ?La ley, convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno!


?La ley, realizando ella misma la iniquidad de cuyo castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave, como pocos existen y sobre el cual debe serme permitido llamar la atenci?n de mis conciudadanos.


LA VIDA ES UN DON DE DIOS


De Dios nos viene el don que, para nosotros, los contiene a todos: La vida. - la vida f?sica, intelectual y moral.



Empero, la vida no se mantiene por s? misma. Aquel que nos la ha dado, ha dejado a cargo nuestro el cuidado de mantenerla, desarrollarla y perfeccionarla.



Para ello nos ha dotado de un conjunto de facultades maravillosas; nos ha colocado en un medio compuesto de elementos diversos. Aplicando nuestras facultades a aquellos elementos, es como se realiza el fen?meno de la transformaci?n, de la Apropiaci?n, por medio del cual la vida recorre el camino que le ha sido asignado.



Existencia, Facultades, Producci?n en otros t?rminos, Personalidad, Libertad, Propiedad-: he ah? al hombre.



De esas tres cosas s? puede decirse, fuera de toda sutileza demag?gica, que son anteriores y superiores a cualquier legislaci?n humana.



La existencia de la Personalidad, la Libertad y la Propiedad, no se debe a que los hombres hayan dictado Leyes. Por el contrario, la preexistencia de su personalidad, libertad y propiedad es la que determina que puedan hacer leyes los hombres.





?QUE ES LA LEY?



?Qu? es, pues, la ley? Es la organizaci?n colectiva del derecho individual de legitima defensa.



Cada uno de nosotros ha recibido ciertamente de la naturaleza, de Dios, el derecho de defender su personalidad, su libertad y su propiedad ya que son esos los tres elementos esenciales requeridos para conservar la vida, elementos que se complementan el uno al otro, sin que pueda concebirse uno sin el otro. Porque, ?qu? son nuestras facultades, sino una prolongaci?n de nuestra personalidad, y qu? es la propiedad sino una prolongaci?n de nuestras facultades?.



Si cada hombre tiene el derecho de defender, aun por la fuerza, su persona, su libertad y su propiedad, varios hombres tienen el Derecho de concertarse, de entenderse, de organizar una fuerza com?n para encargarse regularmente de aquella defensa.



El derecho colectivo, tiene pues, su principio, su raz?n de ser, su legitimidad, en el derecho Individual; y la fuerza com?n, racionalmente, no puede tener otra finalidad, otra misi?n, que la que corresponde a las fuerzas aisladas a las cuales substituye.



As? como la fuerza de un individuo no puede leg?timamente atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de otro individuo, por la misma raz?n la fuerza com?n no puede aplicarse leg?timamente para destruir la persona, la libertad o la propiedad de individuos o de clases.



Porque la perversi?n de la fuerza estar?a, en uno como en otro caso, en contradicci?n con nuestras premisas.



?Qui?n se atrever?a a afirmar que la fuerza nos ha sido dada, no para defender nuestros derechos sino para aniquilar los derechos id?nticos de nuestros hermanos? Y no siendo eso cierto con respecto a cada fuerza individual, procediendo aisladamente ?c?mo podr?a ser cierto en cuanto a la fuerza colectiva, que no es otra cosa que la uni?n organizada de las fuerzas aisladas?



Si ello es cierto, nada es m?s evidente que esto: la ley es la organizaci?n del derecho natural de leg?tima defensa: es la sustituci?n de la fuerza colectiva a las fuerzas individuales, para actuar en el campo restringido en que ?stas tienen el derecho de hacerlo, para garantizar a las personas, sus libertades, sus propiedades y para mantener a cada uno en su derecho, para hacer reinar para todos la JUSTICIA.





GOBIERNO JUSTO Y ESTABLE


Si existiera un pueblo constituido sobre esa base, me parece que ah? prevalecer?a el orden, tanto en los hechos como en las ideas. Me parece que tal pueblo tendr?a el gobierno m?s simple, m?s econ?mico, menos pesado, el que menos se har?a sentir, con menos responsabilidades, el m?s justo, y por consiguiente el m?s perdurable que pueda imaginarse, cualquiera que fuera, por otra parte, su forma pol?tica.



Porque bajo un r?gimen tal, cada uno comprender?a bien que posee los privilegios de su existencia, as? como toda la responsabilidad al respecto. Con tal que la persona fuera respetada, el trabajo fuera libre, y los frutos del trabajo estuvieran garantizados contra todo ataque injusto, ninguno tendr?a nada que discutir con el Estado. De lograr ?xito no tendr?amos que darles las gracias al Estado. As? como s? fracasamos, no lo culpar?amos en mayor medida de lo que pueden hacerlo los campesinos, en cuanto a echarle en cara el granizo o la helada. El Estado se har?a sentir solamente por el inestimable beneficio de la seguridad derivada de este concepto de gobierno.



M?s a?n, puede afirmarse que gracias a la no intervenci?n del Estado en los asuntos privados, las necesidades y las satisfacciones se desarrollar?an en el orden natural. No se ver?a a las familias pobres pretender instrucci?n literaria antes de tener pan.



No se ver?a poblarse la ciudad en detrimento de los campos o los campos en detrimento de las ciudades. No se ver?an esos grandes desplazamientos de capitales, de trabajo, de poblaci?n, provocados por medidas legislativas, desplazamientos que hacen tan inciertas y precarias las fuentes mismas de la existencia, agravando as? en una medida tan grande la responsabilidad de los gobiernos.





COMPLETA PERVERSION DE LA LEY


Por desgracia, es mucho lo que falta para que la ley est? encuadrada dentro de su papel. Ni siquiera cuando se ha apartado de su misi?n, lo ha hecho solamente con fines inocuos y defendibles. Ha hecho algo a?n peor: ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que deb?a hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos l?mites que era su misi?n hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escr?pulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliaci?n, para protegerla, en derecho y la leg?tima defensa en crimen, para castigarla. ?C?mo se ha llevado a cabo semejante perversi?n de la ley? ?Cu?les son sus consecuencias?



La ley se ha pervertido bajo la influencia de dos causas muy diferentes: el ego?smo carente de inteligencia y la falsa filantrop?a.



Hablemos de la primera.





FATAL TENDENCIA DE LA ESPECIE HUMANA


La aspiraci?n com?n de todos los hombres es conservarse y desarrollarse, de manera que si cada uno gozara del libre ejercicio de sus facultades y de la libre disposici?n de sus productos, el progreso social ser?a incesante, ininterrumpido, infalible.



Pero hay otra disposici?n que tambi?n les es com?n a los hombres. Es la que se dirige a vivir y desarrollarse, cuando pueden, a expensas los unos de los otros. No es ?sta una imputaci?n aventurada emanada de un esp?ritu dolorido y carente de caridad. La historia da testimonio al respecto, con las guerras incesantes, las migraciones de los pueblos, las opresiones sacerdotales, la universalidad de la esclavitud, los fraudes industriales y los monopolios, de todos los cuales los anales se encuentran repletos.



Esta funesta inclinaci?n nace de la constituci?n misma del hombre, de ese sentimiento primitivo, universal, invencible, que lo empuja hacia el bienestar y lo hace huir de la incomodidad, el esfuerzo y el dolor.





PROPIEDAD Y EXPOLILACION



El hombre no puede vivir y disfrutar sino por medio de una transformaci?n y una apropiaci?n perpetua, es decir por medio de una perpetua aplicaci?n de sus facultades a las cosas, por el trabajo. De ah? emana la Propiedad.



Pero tambi?n es cierto que el hombre puede vivir y disfrutar, apropiando y consumiendo e producto de las facultades de sus semejantes. De ah? emana la expoliaci?n.



Ahora bien, siendo que el trabajo es en s? sufrimiento y ya que el hombre se inclina a huir del sufrimiento, el resultado es -y ah? est? la historia para probarlo- que prevalece la expoliaci?n siempre que sea menos onerosa que el trabajo; prevalece, sin que puedan impedirlo en ese caso ni la religi?n ni la moral.



?Cu?ndo se detiene pues la expoliaci?n?



Cuando se hace m?s onerosa, m?s peligrosa que el trabajo.



Evidente es que la ley debiera tener por finalidad oponer el obst?culo poderoso de la fuerza colectiva a aquella tendencia funesta; que debiera tomar partido por la propiedad y contra la expoliaci?n.



Pero, lo m?s frecuente es que la ley sea hecha por un hombre o por una clase de hombres. Y siendo inoperante la ley sin sanci?n, sin el apoyo de una fuerza preponderante, es inevitable que en definitiva quede aquella fuerza en manos de quienes legislan.



Este fen?meno inevitable, combinado con la funesta inclinaci?n que hemos comprobado que existe en el coraz?n del hombre, explica la perversi?n casi universal de la ley. Se concibe as? como, en lugar de constituir un freno contra la injusticia, se convierte en un instrumento y el m?s invencible instrumento de la injusticia. Se concibe que, seg?n sea el poder legislador, destruya -en provecho propio y en grados diferentes, en cuanto al resto de los hombres- la personalidad con la esclavitud, la libertad con la opresi?n y la propiedad con la expoliaci?n.





VICTIMAS DE LA EXPOLIACION LEGAL


Est? en la naturaleza de los hombres el reaccionar contra la iniquidad de que sean v?ctimas. As?, pues, cuando la expoliaci?n est? organizada por la ley, en beneficio de las clases que la dictan, todas las clases expoliadas tienden por v?as pac?ficas o revolucionarias a tener alguna participaci?n en la confecci?n de las leyes. Tales clases, seg?n sea el grado de esclarecimiento a que hayan llegado, pueden proponerse dos finalidades muy diferentes al perseguir la conquista de sus derechos pol?ticos: o quieren hacer cesar la expoliaci?n legal, o aspiran a participar en dicha expoliaci?n.



?Desgraciadas, tres veces desgraciadas las naciones en las cuales sea este ?ltimo pensamiento el que predomine en las masas en el momento en que a su vez se apoderen de la facultad de legislar!



Hasta la ?poca presente, la expoliaci?n legal era ejercitada por un peque?o n?mero contra el gran n?mero, tal como se ve en los pueblos en los cuales el derecho de legislar se concentra en pocas manos. Pero he aqu? que se ha vuelto universal y se busca el equilibrio, en la expoliaci?n universal. En lugar de extirpar lo que la sociedad conten?a de injusticia, se generaliza esta ?ltima. Tan pronto como las clases desheredadas han recuperado sus derechos pol?ticos, el primer pensamiento que de ellas se adue?a, no es el de liberarse de la expoliaci?n (eso supondr?a en ellas conocimientos que no pueden tener) sino el de organizar contra las otras clases y en su detrimento, un sistema se represalias -como si fuera necesario, antes del advenimiento del reinado de la justicia- que una cruel venganza viniera a herirlas, a unas a causa de su iniquidad, a las otras a causa de su ignorancia.





RESULTADOS DE LA EXPOLIACION LEGAL


No pod?a pues introducirse en la sociedad un cambio m?s grande y una mayor desgracia que ?sta: la ley convertida en instrumento de expoliaci?n.



?Cu?les son las consecuencias de una perturbaci?n semejante? Se necesitar?an vol?menes para describirlas a todas. Content?monos con indicar la m?s sobresaliente.



La primera, es la de borrar en todas las conciencias la distinci?n entre lo justo y lo injusto.



Ninguna sociedad puede existir, si no impera en alg?n grado el respeto a las leyes; pero es el caso que lo que da m?s seguridad para que sean respetadas las leyes, es que sean respetables. Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicci?n, el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noci?n de lo moral o de perder el respeto a la ley, dos desgracias tan grandes una como la otra y entre las cuales es dif?cil elegir.



Hacer reinar la justicia est? tan en la naturaleza de la ley, que ley y justicia, es todo uno en el esp?ritu de la gente. Todos tenemos una fuerte inclinaci?n a considerar lo legal como leg?timo, hasta tal punto que son muchos los que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de la ley. Basta pues que la ley ordene y consagre la expoliaci?n, para que ?sta parezca justa y sagrada para muchas conciencias. La esclavitud, la restricci?n, el monopolio, encuentran defensores no solamente entre los que de ello aprovechan, sino a?n entre los que por ello sufren.





SE CONDENA A LOS DISIDENTES


Si alguien pone en duda la moralidad de aquellas instituciones se dir?: ?Sois un innovador peligroso, un utopista, un te?rico, despreci?is las leyes; conmov?is la base sobre la cual reposa la sociedad?.



Si uno dicta c?tedra sobre moral o econom?a no tardan en aparecer instituciones oficiales que hacen llegar al gobierno peticiones como las siguientes:



?Que en adelante se ense?e la ciencia, no ya desde el ?nico punto de vista del libre intercambio (de la libertad, la propiedad y la justicia) como hasta ahora ha ocurrido, sino que tambi?n y sobre todo, sea ense?ada desde el punto de vista de los hechos y de la legislaci?n (contraria a la libertad, propiedad y justicia) que rige la industria nacional.



?Que en las c?tedras p?blicas, remuneradas por el Tesoro, el profesor se abstenga rigurosamente de llevar el menor ataque al debido respeto a las leyes en vigor?.



De manera que si existe una ley que consagra la esclavitud o el monopolio, la opresi?n o la expoliaci?n en una forma cualquiera, no se podr? siquiera hablar de ella; porque ?c?mo podr?a hablarse de esa ley, sin conmover el respeto que inspira? M?s a?n, habr? que ense?ar moral y econom?a pol?tica desde el punto de vista de aquella ley, es decir bas?ndose en el supuesto de que es justa, s?lo por ser ley.



Otro aspecto de la deplorable perversi?n de la ley, es el que da una preponderancia exagerada a las pasiones y luchas pol?ticas, y en general a la pol?tica propiamente dicha.



Podr?a probar mi afirmaci?n de mil maneras. Me limitar? por v?a de ejemplo a relacionarla con el asunto que recientemente ha ocupado el esp?ritu de todos: el sufragio universal.





?QUIEN DEBE JUZGAR?



Piensen lo que piensen al respecto los afectos a la escuela de Rousseau -que se dice muy avanzada y que para m? tiene un atraso de veinte siglos- el sufragio universal (tomando la palabra en su aceptaci?n rigurosa) no es uno de esos dogmas sagrados, con respecto a los cuales el examen y la duda misma constituyen cr?menes.



Pueden opon?rsele graves objeciones.



Para empezar, la palabra universal oculta un sofisma grosero. Hay en Francia treinta seis millones de habitantes. Para que el derecho de sufragio fuera universal, tendr?a que serle reconocido a treinta y seis millones de electores. En el sistema m?s amplio, no se le reconoce sino a nueve millones. Luego, quedan excluidas tres de cada cuatro personas, y lo que es m?s importante, quien excluye a los otros es la cuarta persona. ?Sobre qu? principio se funda tal exclusi?n? Sobre el principio de la incapacidad. Sufragio universal quiere decir: sufragio universal de los que tienen capacidad. Quedan en pie estas cuestiones de hecho: ?Qui?nes son capaces? ?Acaso la edad, el sexo, o las condenas judiciales, son los ?nicos signos por los que puede reconocerse la incapacidad?





RAZON PARA RESTRINGIR EL VOTO


Si se mira de cerca, muy pronto se percibe el motivo por el cual el derecho de sufragio se basa en la presunci?n de capacidad y a ese respecto el sistema m?s amplio no difiere del m?s restrictivo, sino en la apreciaci?n de los signos por los cuales puede reconocerse la capacidad; lo cual no constituye una diferencia de principio sino de grado.



El motivo est? en que el elector al votar no compromete s?lo su inter?s sino el de todo el mundo.



Si, como lo pretenden los republicanos de tipo griego o romano, nos estuviera conferido el derecho de sufragio junto con la vida, ser?a inicuo que los adultos impidieran votar a mujeres y ni?os. ?Por qu? se les excluye? Porque se les presume incapaces. ?Y por qu? la incapacidad es motivo de exclusi?n? Porque al elector no le toca a ?l s?lo la responsabilidad de su voto; porque cada voto compromete y afecta a la comunidad entera; porque la comunidad bien tiene el derecho de exigir algunas garant?as en cuanto a los actos de los cuales depende su bienestar y su existencia.





LA SOLUCION ESTA EN RESTRINGIR LA FUNCION DE LA LEY


S? lo que puede contestarse. Tambi?n s? lo que se podr?a replicar. No es ?ste el lugar para agotar tal controversia. Lo que quiero hacer observar es que esa misma controversia (como tambi?n la mayor parte de las cuestiones pol?ticas) que agita, apasiona y trastorna los pueblos, perder?a casi toda su importancia si la ley hubiera sido siempre lo que deb?a ser.



En efecto, si la ley se limitara a hacer respetar a todas las personas, a todas las libertades y todas las propiedades, si no fuera m?s que la organizaci?n del derecho individual de leg?tima defensa, el obst?culo, el freno y el castigo opuesto a todas las opresiones y a todas las expoliaciones, ?puede creerse que hablamos de disputar mucho, entre conciudadanos, a prop?sito del sufragio, m?s o menos universal? ?Se cree que por eso se pondr?a en cuesti?n el mayor de los bienes, la tranquilidad p?blica? ?Se cree que las clases excluidas no habr?an de esperar tranquilamente que les llegar? su turno? ?Se cree que las clases admitidas al voto, estar?an muy celosas por conservar su privilegio? ?Y acaso no es claro que siendo id?ntico y com?n el inter?s, los unos actuar?an sin causar inconvenientes a los que no votan?





LA FATAL IDEA DE LA EXPOLIACION LEGAL


Pero si llega a introducirse el principio funesto de que so pretexto de organizaci?n, reglamentaci?n, protecci?n y apoyo, la ley puede quitar a los unos para dar a los otros, echar mano a la riqueza adquirida por todas las clases para aumentar la de una clase, a veces la de los agricultores, en otros casos la de los manufactureros, negociantes, armadores, artistas o comerciantes. ?Oh!, por cierto en ese caso, no hay clase que no pretenda -con raz?n- echar mano a la ley tambi?n ella; que no reivindique curiosamente su derecho de elegir y ser elegida, y que no est? dispuesta a trastornar la sociedad antes de renunciar a sus pretensiones. Los mismos mendigos y vagabundos probar?n que tienen t?tulos incontestables. Dir?n: ?Nunca compramos vino, ni tabaco, ni sal, sin pagar impuestos, y una parte de tales impuestos se da por v?a legislativa en forma de primas y subvenciones a hombres m?s ricos que nosotros. Hay otros que hacen servir la ley para elevar artificialmente el precio del pan, de la carne, del hierro y del pa?o. Ya que cada uno explota la ley en provecho propio, tambi?n nosotros queremos explotarla?.



Queremos sacar de ah? el derecho a la beneficencia, que es la parte del pobre en la expoliaci?n. Para ello, es necesario que seamos electores y legisladores, a fin de que organicemos en gran escala la limosna para nuestra clase, tal como se ha organizado en gran escala la protecci?n para la clase pudiente. No se nos diga que se nos dar? nuestra parte, que nos ser? arrojada -seg?n la propuesta de Mimerel- una suma de 600,000 francos para hacemos callar, como un hueso para roer. ?Tenemos otras pretensiones, y en todo caso, queremos dictar preceptos en nuestro beneficio, as? como otras clases lo hicieron en provecho suyo!





LA PERVERSION DE LA LEY PROVOCA CONFLICTO


?Qu? puede contestarse a esos argumentos? Mientras sea admitido en principio que puede desviarse la ley de su misi?n verdadera, que aquella puede violar los derechos de propiedad en lugar de garantizarlos, cada clase querr? hacer la ley, sea para defenderse contra la expoliaci?n, sea para organizarla tambi?n en provecho propio. La cuesti?n pol?tica prevalecer? sobre la justicia, ser? dominante y absorbente; en una palabra se luchar? en las puertas del palacio legislativo. La lucha adentro no ser? menos encarnizada. Para convencerse de ello, s?lo es necesario observar lo que ocurre en las legislaturas en Francia y en Inglaterra; basta saber c?mo queda planteado el asunto.



?Hay necesidad de probar que esa odiosa perversi?n de la ley es perpetua causa de odio y de discordia, que puede llegar hasta la desorganizaci?n social?



Mirad hacia los Estados Unidos. De todo el mundo es el pa?s donde la ley se mantiene m?s adentro de su papel, que es el de garantizar a cada uno su libertad y su propiedad. Tambi?n es el pa?s de todo el mundo donde el orden social parece descansar sobre las bases m?s estables. Con todo, tambi?n en los Estados Unidos existen dos cuestiones -no hay m?s que dos- que desde el principio han puesto en peligro varias veces el orden pol?tico.





LA ESCLAVITUD Y LAS TARIFAS ADUANERAS SON EXPOLIACION


?Y cu?les son esos dos asuntos? El de la esclavitud y el de las tarifas aduaneras; es decir, precisamente las dos ?nicas cuestiones en las cuales, contrariamente al esp?ritu general de aquella rep?blica, la ley ha tomado el car?cter expoliativo. La esclavitud es una violaci?n consagrada por la ley, a los derechos de la persona. El proteccionismo es una violaci?n, cometida por la ley, del derecho de propiedad; y ciertamente es muy de notar que en medio de tantos otros debates, aquel doble azote legal, triste herencia del antiguo mundo, sea el ?nico que puede traer, y que traer? tal vez la ruptura de la uni?n americana. Es que en efecto, no podr? imaginarse en el seno de una sociedad, un hecho m?s digno de consideraci?n que el siguiente: La ley transformada en instrumento de injusticia. Y si tal hecho engendra tan formidables consecuencias en los Estados Unidos, donde no constituye m?s que una excepci?n, ?qu? debe ser en nuestra Europa, donde constituye un principio, un sistema?





DOS CLASES DE EXPOLIACION


Montalembert, apropi?ndose del pensamiento contenido en una famosa proclama de Carlier dec?a: hay que hacerle la guerra al socialismo. Y, por socialismo, Charles Dupin, entend?a referirse a la expoliaci?n.



?Pero a qu? expoliaci?n se refer?a? Porque hay dos clases: la expoliaci?n extra-legal y la legal.



En cuanto a la extra-legal, la que se llama robo, estafa, la que define, prev? y castiga el C?digo Penal, en verdad no creo que pueda decor?rsela con el nombre de socialismo. No es la que amenaza sistem?ticamente a la Sociedad en sus fundamentos. Por otra parte, la guerra contra esa clase de expoliaci?n no ha esperado la se?al de Montalembert o de Carlier. Se ha dado desde el comienzo del mundo; Francia hab?a tomado medidas al respecto mucho antes de la Revoluci?n de Febrero de 1848, mucho antes de la aparici?n del socialismo, por medio de todo un aparato de justicia, polic?a, gendarmer?a, prisiones, presidios y pat?bulos. La ley misma es la que conduce a est? guerra y para m? lo que ser?a de desear, ser?a que la ley conservara siempre esta actitud con respecto a la expoliaci?n.





LA LEY DEFENDIENDO A LA EXPOLIACION


Pero no ocurre as?. La ley a veces defiende y participa en la expoliaci?n. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la verg?enza, el peligro y el escr?pulo. A veces pone todo aquel aparato de juzgados, polic?a, gendarmer?a y prisi?n, al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado que se defiende. En una palabra, existe la expoliaci?n legal, que es sin duda la mencionada por Montalembert.



Tal expoliaci?n puede ser en la legislatura de un pueblo, nada m?s que una mancha excepcional -y en ese caso, lo mejor que puede hacerse, sin tantas declamaciones y jeremiadas, es borrarla lo m?s pronto posible, a pesar de los clamores de los interesados.





COMO IDENTIFICAR LA EXPOLIACION LEGAL


?C?mo reconocerla? Es muy sencillo. Hay que examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para dar a otros lo que no les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza, en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los dem?s un acto que aquel ciudadano no podr?a realizar por si sin incurrir en criminalidad. Perentoriamente debe derogarse tal ley; no constituye solamente una iniquidad, sino que es ella fuente fecunda de iniquidades; porque provoca represalias, y de no tenerse cuidado, el hecho excepcional habr? de extenderse y multiplicarse, transformarse en algo sistem?tico. Sin duda el beneficiario chillar?: invocar? los derechos adquirimos. Dir? que el Estado debe protecci?n y fomento a su industria; alegar? que es bueno que el Estado lo enriquezca, porque siendo rico, gastar? m?s, derramando as? una lluvia de salarios sobre los obreros pobres. Hay que guardarse de escuchar a este sofista,, pues es justamente por la sistematizaci?n de tales argumentos, como quedar? sistematizado la expoliaci?n legal.



Es lo que ha ocurrido. La quimera de hoy es la de enriquecer a todas las clases, las unas a expensas de las otras; es la de generalizar la expoliaci?n bajo el pretexto de organizarla.





LA EXPOLIACION LEGAL TIENE MUCHOS NOMBRES


Ahora bien, la expoliaci?n legal puede ejercitarse en una multitud, infinita de maneras; de ah? la infinita multitud de planes de organizaci?n: tarifas, proteccionismos, primas, subvenciones, fomentos, impuestos progresivos, instrucci?n gratuita, derecho al trabajo, derecho a la ganancia, derecho al salario, derecho a la asistencia, derecho a los instrumentos de trabajo, gratuidad del cr?dito, etc. Y es el conjunto de todos aquellos planes, en lo que tienen de com?n que es la expoliaci?n legal, lo que toma el nombre de socialismo.



Es el caso que as? definido el socialismo, formando un cuerpo de doctrina, ?qu? guerra puede hac?rsele, no siendo una guerra de doctrina? Se encuentra que la doctrina socialista es falsa, absurda, abominable. Debe refut?rsela. Lo cual resultar? tanto m?s f?cil, cuanto m?s falsa, absurda y abominable sea. Sobre todo, si se quiere ser fuerte, hay que comenzar por extirpar de la legislaci?n todo lo que haya podido deslizarse en ella, de car?cter socialista, y no es trabajo peque?o.





EL SOCIALISMO ES EXPOLIACION LEGAL


Se ha reprochado a Montalembert el querer emplear la fuerza bruta contra el socialismo. Es un reproche del cual hay que exculparlo, porque formalmente ha dicho: hay que hacerle al socialismo la guerra que sea compatible con la ley, el honor y la justicia.



?Pero c?mo es que Montalembert no se da cuenta de que se coloca en un c?rculo vicioso? ?Quiere oponer la ley al socialismo? Pero, el socialismo precisamente invoca la ley. No apela a la expoliaci?n extra-legal, sino a la expoliaci?n legal. Al igual que todos los monopolistas, pretende hacer un instrumento de la ley misma; y una vez que tenga la ley de su parte, ?c?mo se puede volver la ley contra ?l? ?C?mo pretender colocarlo bajo el poder de los tribunales, gendarmes y prisiones?



Luego, ?qu? hacer? Se le quiere impedir que intervenga en la confecci?n de las leyes. Se le quiere mantener fuera del palacio legislativo. Me atrevo a predecir que no se tendr? ?xito, mientras dentro se legisle bas?ndose en el principio de la expoliaci?n legal. Es demasiado ?l?gico, demasiado absurdo.





IAS ALTERNATIVAS QUE SE NOS PRESENTAN


Es absolutamente necesario que este asunto de la expoliaci?n legal se resuelva, y no hay m?s que tres soluciones:



Que los menos expolien a los m?s.



Que todos expolien a todos.



Que ninguno expolie a nadie.



Hay que elegir entre expoliaci?n parcial, expoliaci?n universal o ausencia de expoliaci?n. La ley no puede perseguir sino uno de aquellos tres resultados.



La expoliaci?n parcial es el sistema que ha prevalecido mientras ha sido limitado el sufragio, sistema al que se retorna para evitar la invasi?n del socialismo.



Expoliaci?n universal es el sistema que nos ha amenazado cuando el sufragio se ha hecho universal, ya que las masas han concebido la idea de legislar bas?ndose en el mismo principio utilizado por los legisladores que las precedieron cuando el sufragio era limitado.



Ausencia de expoliaci?n es el principio de justicia, de paz, de orden, de estabilidad, conciliaci?n y buen sentido, que habr? del proclamar con todas mis fuerzas, ?ay! por mucho insuficientes, hasta mi ?ltimo aliento.





FUNCION PROPIA DE LA LEY


Y sinceramente ?puede pedirse otra cosa a la ley? La ley que tiene como sanci?n necesaria a la fuerza, ?puede razonablemente ser empleada para otra cosa que no sea su funci?n de mantener a cada uno en su derecho? Desaf?o a cualquiera para extender su funci?n m?s all? de ese c?rculo, sin volverla contra el derecho, y por consiguiente, sin volver la fuerza contra el derecho. Y como es esa la perturbaci?n social m?s funesta y m?s il?gica que pueda imaginarse, debe ser reconocido sin dificultad que la verdadera soluci?n, tan buscada, para el problema social, se encierra en esas simples palabras: LA LEY ES LA JUSTICIA ORGANIZADA.



Ahora, not?moslo bien: organizar la justicia por medio de la ley, es decir, mediante la fuerza, excluye la idea de organizar por la ley o por la fuerza una manifestaci?n cualquiera de la actividad humana: trabajo, caridad, agricultura, comercio, industria, instrucci?n, bellas artes o religi?n; porque no es posible que una de esas organizaciones secundarias deje de aniquilar la organizaci?n esencial: LA JUSTICIA. En efecto, c?mo imaginar a la fuerza coartando la libertad de los ciudadanos, sin que resulte da?ada la justicia, es decir sin actuar contra su propia finalidad?





SEDUCTOR ENGA?O DEL SOCIALISMO


Tropiezo aqu? contra el prejuicio m?s popular de nuestra ?poca. No se quiere solamente que la ley sea justa; se quiere tambi?n que sea filantr?pica. No se est? conforme conque garantice a cada ciudadano el libre y pac?fico ejercicio de sus facultades, aplicadas a su desarrollo f?sico, intelectual y moral: se exige que esparza directamente sobre la naci?n el bienestar, la instrucci?n y la moralidad. Ese es el aspecto seductor del socialismo.



Pero, lo repito, aquellas dos misiones de la ley, se contradicen. Es necesario optar. El ciudadano no puede al mismo tiempo ser libre y no serio.



LA FRATERNIDAD FORZADA DESTRUYE LA LIBERTAD


Me escribi? una vez Lamartine: ?Vuestra doctrina no es m?s que la mitad de mi programa: os hab?is detenido en la libertad, yo estoy ya en la fraternidad?. Le contest?: ?La segunda mitad de vuestro programa habr? de destruir la primera?. Y, en efecto, me es completamente imposible separar la palabra fraternidad, de la palabra voluntarismo. Me es por completo imposible concebir la fraternidad forzada legalmente, sin que resulte la libertad legalmente destruida y la justicia legalmente pisoteada.



La expoliaci?n legal tiene dos ra?ces: una, acabamos de verlo, est? en el ego?smo humano; la otra est? en la falsa filantrop?a.



Antes de seguir adelante creo que debo explicarme acerca de la palabra expoliaci?n.



LA EXPOLIACION VIOLA LA PROPIEDAD


No tomo la expresi?n como se hace demasiado a menudo en un sentido vago, indeterminado, aproximativo y metaf?rico. Me sirvo de ella en el sentido completamente cient?fico, destin?ndola a expresar la idea opuesta a la de la propiedad. Cuando una porci?n de riqueza pasa sin su consentimiento y sin su compensaci?n de aquel que la ha adquirido, a quien no la ha creado, ya sea por la fuerza o por el enga?o, digo que hay ataque a la propiedad, produci?ndose una expoliaci?n. Digo que ah? est? precisamente lo que la ley debiera reprimir en todas partes y siempre. Que si la ley misma realiza el acto que debiera reprimir, sigo diciendo que no hay ah? menos expoliaci?n sino m?s a?n, desde el punto de vista social, con circunstancias agravantes. S?lo que en tal caso, no tiene la responsabilidad quien se aprovecha de la expoliaci?n, sino la ley, el legislador, la sociedad, y he all? la existencia del peligro pol?tico.



Es lamentable que la palabra expoliaci?n sea ofensiva. Vanamente he buscado otra, porque en ning?n momento, y hoy menos que nunca, quisiera arrojar en medio de nuestras discordias una palabra irritante. Por eso, se crea o no, declaro que no pretendo atacar las intenciones, o la moralidad de ninguno. Ataco una idea que creo falsa, un sistema que me parece injusto y tan lo hago prescindiendo de las intenciones, cuanto que reconozco que cada uno de nosotros aprovecha de la idea del sistema sin quererlo, y sufre por el mismo sin saber la causa.





TRES SISTEMAS DE EXPOLIACION


Ser?a necesario escribir bajo la influencia del esp?ritu de partido o del temor, para poner en duda la sinceridad del proteccionismo, del socialismo y a?n del comunismo, que no son sino un solo ?rbol en tres per?odos diversos de su crecimiento. S?lo ocurre que la expoliaci?n se hace m?s visible, por su particularidad, en el proteccionismo, y por su universalidad en el comunismo; de donde resulta que de los tres sistemas el socialismo es a?n el m?s vago, el m?s indeciso, y por consiguiente el m?s sincero.



Si en Francia la protecci?n no fuera acordada mas que a una sola clase, por ejemplo a los herreros, ser?a tan absurdamente expoliativa que no podr?a mantenerse. As? es que vemos coaligarse a todas las industrias protegidas, hacer causa com?n y a?n reclutarse hasta aparentar que abarcan todo el conjunto del trabajo nacional. Instintivamente se dan cuenta de que la expoliaci?n se disimula al generalizarse.



Como quiera que sea, cuando admito que la expoliaci?n legal tiene como una de sus fuentes la filantrop?a falsa, es evidente que descarto lo relativo a intenciones.



Bien comprendido esto, examinemos qu? es lo que vale, de d?nde viene y d?nde desemboca la aspiraci?n popular que pretende realizar el bien general, por medio de la expoliaci?n generalizada.



Nos dicen los socialistas: Puesto que la ley organiza la justicia, ?por qu? no habr?a de organizar el trabajo la ense?anza y la religi?n? ?Por qu??



Porque no podr?a organizar el trabajo, la ense?anza y la religi?n, sin desorganizar la justicia.





LA LEY ES LA FUERZA


N?tese pues que la ley es la fuerza y que por consiguiente el campo de acci?n de la ley no puede extenderse m?s all? del leg?timo campo de acci?n de la fuerza.



Cuando la ley y la fuerza mantienen a un hombre dentro de la justicia, no le imponen otra cosa que una pura negaci?n. No le imponen m?s que la abstenci?n de da?ar a otros. No atentan ni contra su personalidad, ni contra su libertad, ni contra su propiedad. Tan s?lo salvaguardan la personalidad, la libertad y la propiedad de los dem?s.





LA LEY, CONCEPTO NEGATIVO


La ley y la fuerza se mantienen a la defensiva: defienden el igual derecho de todos. Llenan una misi?n cuya inocuidad es evidente, de utilidad palpable y cuya legitimidad no se discute.



Tan cierto es eso, que uno de mis amigos me hac?a notar que decir que la finalidad de la ley es hacer reinar la justicia, es valerse de una expresi?n que no es rigurosamente exacta. Debe decirse: ?La finalidad de la ley est? en impedir el reinado de la injusticia?. En efecto, no es la justicia quien tiene existencia propia, sino la injusticia. La una es resultado de la ausencia de la otra.



Pero, cuando la ley -por intermedio de su agente necesario, la fuerza- impone un modo de trabajo, un m?todo o una materia de ense?anza, una fe o un culto, no act?a ya negativamente; act?a en forma positiva sobre los hombres. La voluntad del legislador sustituye a la libre iniciativa. La persona no tiene ya para qu? reflexionar, comparar o prever; todo eso lo hace por ellos la ley. La inteligencia les resulta un art?culo in?til; cesan de ser hombres; pierden su personalidad, su libertad y su propiedad.



Ens?yese imaginar una forma de trabajo impuesta por la fuerza que no constituya un atentado a la libertad; una transmisi?n de riqueza por la fuerza, que no sea un atentado a la propiedad. Al ver que aquello resulta imposible, debe reconocerse que la ley no puede organizar el trabajo y la Industria, sin organizar la injusticia.





EL ASPECTO POLITICO


Cuando un pol?tico, desde el aislamiento de su oficina, pasea su mirada sobre la sociedad, se conmueve por el espect?culo de desigualdad que se le presenta. Gime por los sufrimientos que son dote de tan gran n?mero de nuestros hermanos, sufrimiento cuyo aspecto se hace a?n m?s entristecedor por el contraste con el lujo y la opulencia.



Tal vez corresponder?a preguntarse si tal estado social no tiene por causa antiguas expoliaciones ejercitadas por v?a de la conquista y por nuevas expoliaciones ejercitadas por intermedio de las leyes. Debiera preguntarse si, dada la aspiraci?n de todos los hombres hacia el bienestar y el perfeccionamiento, no es suficiente el reinado de la justicia para realizar la mayor actividad de progreso y la mayor suma de igualdad, compatibles con la responsabilidad individual que Dios ha establecido para que virtudes y vicios tengan para cada uno su justa consecuencia.



Ni siquiera se formulan tales preguntas. el pensamiento apunta a combinaciones, arreglos y organizaciones legales o ficticias. Se busca el remedio en la exageraci?n y perpetuaci?n de lo que produce el mal. Porque, fuera de la justicia, que como lo hemos visto no es m?s que la negaci?n de lo injusto, ?existe acaso alguno de aquellos arreglos legales, que no contengan el principio de la expoliaci?n?





LA LEY Y LA CARIDAD


Se dice: ?He aqu? a hombres que carecen de riqueza?, y se apela a la ley. Pero es el caso que la ley no es ubre que se llene por si misma o cuyos vasos lact?feros puedan surtirse en otra parte, fuera de la sociedad misma. Nada ingresa al tesoro p?blico, para beneficio de un ciudadano o de una clase, que no sea aquello que otro ciudadano u otras clases han sido forzados a poner en ?l. Si cada uno no retira otra cosa que el equivalente de lo ha puesto, cierto es que la ley no resulta expoliativa, pero en ese cas? nada hace en favor de aquellos hombres que carecen de riqueza: no hace nada en pro de la igualdad de ingresos. No puede ser elemento de igualizaci?n sino en cuanto quite a unos para dar a otros, y entonces se convierte en instrumento de la expoliaci?n. Exam?nense desde ese punto de vista el proteccionismo de las tarifas aduanales, el derecho al trabajo, el derecho a la beneficencia, el derecho a la instrucci?n, el impuesto progresivo, la gratuidad del cr?dito, el taller socializado, y siempre se encontrar? en el fondo la expoliaci?n legal y la injusticia organizada.





LA LEY Y LA EDUCACION


Se dice: ?He ah? hombres que carecen de luces?, y se apela a la ley. Pero, la ley no es antorcha que derrame a lo lejos claridad que le sea propia. La ley se extiende sobre una sociedad en la que hay hombres que saben y otros que no saben; ciudadanos que necesitan aprender y otros que est?n dispuestos a ense?ar. No puede hacer m?s que una de dos cosas: o dejar que esa clase de transacciones se efect?e libremente y que por el mismo medio libremente sean satisfechas esa clase de necesidades; o forzar a ese respecto las voluntades y quitarle a algunos lo necesario - para remunerar a los profesores encargados de instruir gratuitamente a otros. Pero no puede hacer que en el segundo caso no exista atentado a la libertad y a la propiedad, o sea expoliaci?n legal.





LA LEY Y LA MORAL


Se dice: ?He ah? a hombres que carecen de moral o de religi?n?, y se apela a la ley. Pero, la ley es la fuerza, ?y acaso necesito decir cu?n desprovista de sentido y violenta resulta la pretensi?n de hacer intervenir la fuerza en semejantes asuntos?



Al. cabo de sus sistemas y esfuerzos parece que el socialismo, por m?s complaciente que sea consigo mismo, no puede dejar de ser el monstruo de la expoliaci?n legal. ?Pero qu? hace? Lo disfraza h?bilmente a los ojos de todos, hasta a los suyos propios, bajo seductores nombres de fraternidad, solidaridad, organizaci?n, asociaci?n. Y en raz?n de que nosotros no pedimos tanto a la ley, porque no e3dgimos de ella sino justicia, el socialismo supone que rechazamos la fraternidad, la solidaridad, la organizaci?n y la asociaci?n, lanz?ndonos el ep?teto de individualistas.



S?pase pues que lo que rechazamos no es la organizaci?n natural sino la organizaci?n forzada.



No es la asociaci?n libre, sino las formas de organizaci?n que pretende imponernos.



No es -la fraternidad espont?nea, sino la fraternidad impuesta.



No es la solidaridad humana, sino la solidaridad artificial, que no es otra cosa que un injusto desplazamiento de responsabilidades.



No repudiamos la solidaridad humana natural bajo la Providencia.





CONFUSION DE TERMINOS


El socialismo, igual que las antiguas ideas de donde proviene, confunde el gobierno con la sociedad. Por eso es que cada vez que nos oponemos a que el gobierno haga algo, saca de ah? la conclusi?n de que no queremos en absoluto que aquello se realice. Como rechazamos la instrucci?n por el Estado, luego, concluyen que no queremos instrucci?n.



Como rechazamos la religi?n de Estado, luego, no queremos religi?n. Como rechazamos la igualizaci?n por el Estado, luego, no queremos igualdad, etc. Es como si se nos acusara de no querer que los hombres se alimenten, porque rechazamos el cultivo del trigo por el Estado.





INFLUENCIA DE LOS INTELECTUALES SOCIALISTAS



?C?mo ha podido prevalecer en el mundo pol?tico la curiosa idea de que pueda salir del Estado lo que no est? en ?l: el bien, la riqueza, la ciencia y la religi?n que en un sentido positivo constituyen la prosperidad?



Los intelectuales modernos especialmente los de la escuela socialista, fundan sus diversas teor?as sobre una hip?tesis com?n, y seguramente la m?s extra?a, y la m?s pretencioso que pueda abrigar un cerebro humano.



Dividen la humanidad en dos partes. La generalidad de los hombres, forma la primera parte; el intelectual forma la segunda, y por mucho, la m?s importante.



Comienzan los escritores modernos por suponer que los hombres no contienen en s? mismo ni un principio de acci?n, ni un medio de discernimiento; que est?n desprovistos de iniciativa; que son materia inerte, mol?culas pasivas, ?tomos sin espontaneidad; cuando mucho una vegetaci?n indiferente a su propia manera de existencia; susceptibles de adoptar al impulso de una voluntad, de una mano externa, una cantidad infinita de formas m?s o menos sim?tricas y perfeccionadas.



Luego, cada uno de ellos supone sin m?s ni m?s que ?l mismo es aquella voluntad y aquella mano, actuando bajo los nombres de organizador, revelador, legislador, institutor o fundador, que ?l es el m?vil universal, el poder creador, cuya sublime misi?n es reunir en sociedad los materiales dispersos que son los hombres.



Tomando tal punto de partida y a semejanza del jardinero que a su capricho poda sus ?rboles en forma de pir?mide, de sombrilla, de cubos, conos, vasos, husos o abanicos, cada socialista seg?n sea su quimera, poda la pobre humanidad formando grupos, series, centros, subcentros, alv?olos, talleres socializados, armon?as, clasificaciones. etc.



Y al igual que el jardinero, que para efectuar la poda de los ?rboles, necesita hachas, serruchos, sierras y tijeras, el p?blico necesita para el arreglo de su sociedad fuerzas que s?lo puede encontrar en las leyes; la ley de aduana, ley de impuestos, ley de seguridad social y ley de instrucci?n.





LOS SOCL4LISTAS PRETENDEN SUPLANTAR A DIOS


Tan cierto es que los socialistas consideran a la humanidad como materia destinada a combinaciones sociales, que si por casualidad no est?n muy seguros del ?xito de aquellas combinaciones, reclaman por lo menos una porci?n de humanidad a titulo de material de experimentaci?n: es bien sabido cu?n popular es entre ellos la idea de experimentar todos los sistemas, y se ha visto a uno de sus jefes llegar a la asamblea constituyente a pedir con toda seriedad que se le diera una comuna con sus habitantes, para realizar su ensayo.



As? procede todo inventor que fabrica su m?quina en peque?o antes de realizarla en grande. As? el qu?mico sacrifica algunos reactivos, y el agricultor sacrifica ciertas semillas y un rinc?n de su terreno para ensayar una idea.



?Pero qu? distancia separa al jardinero de sus ?rboles, al inventor de su m?quina, al qu?mico de sus reactivos, al agricultor de sus semillas?



El socialista cree de buena fe que la misma distancia es la que lo separa a ?l de la humanidad.



No hay que asombrarse de que los escritores del siglo XIX consideren la sociedad como una creaci?n artificial salida del genio del legislador.



Tal idea, producto de la educaci?n cl?sica, ha dominado a todos los pensadores y a todos los grandes escritores de nuestro pa?s. Han visto entre la humanidad y el legislador la misma relaci?n que existe entre la arcilla y el alfarero.



Mucho m?s a?n; si han consentido en reconocer que hay en el coraz?n del hombre un principio de acci?n y en su inteligencia un principio de discernimiento, han pensado que con ello Dios les ha hecho un don funesto y que la humanidad, bajo la influencia de aquellos dos motores, iba fatalmente hacia su degradaci?n. Han se?alado como un hecho cierto el de que abandonada a sus inclinaciones la humanidad no se ocupar? de la religi?n m?s que para desembocar en el ate?smo; de la ense?anza sino para llegar a la ignorancia y del trabajo e intercambio m?s que para extinguirse en la miseria.





DESPRECIO DE LOS SOCIALISTAS POR LA ESPECIE HUMANA


Felizmente, seg?n aquellos mismos escritores, existen algunos hombres, llamados gobernantes y legisladores, que han recibido del cielo tendencias opuestas, para beneficio no solamente de ellos sino para el de todos los dem?s.



Mientras la humanidad se inclina al mal, ellos se inclinan al bien; mientras la humanidad camina hacia las tinieblas, aspiran ellos a la luz; mientras la humanidad es arrastrada al vicio, a ellos los atrae la virtud.



Y ya eso dado por sentado, reclaman la fuerza a fin de que les d? la posibilidad de sustituir sus propias tendencias a las tendencias del g?nero humano.



Basta con abrir un libro de filosof?a, de pol?tica o de historia, m?s o menos al azar, para advertir cu?n fuertemente se encuentra arraigada aquella idea en nuestro pa?s, hija de los estudios cl?sicos y madre del socialismo, seg?n la cual la humanidad es materia inerte, que recibe del poder p?blico la vida, la organizaci?n, la moral y la riqueza; o lo que es a?n peor, que por s? misma la humanidad tiende hacia su propia degradaci?n, y no es detenida en esa pendiente sino por la mano misteriosa del legislador.



El convencionalismo cl?sico siempre nos dice que detr?s de la sociedad pasiva, un poder oculto, bajo el nombre de ley, legislador o usando una expresi?n m?s c?moda y vaga, mueve, anima, enriquece y moraliza a la humanidad.





DEFENSA DEL TRABAJO COMPULSIVO


Bossuet, Tutor del Delf?n en la corte del Rey Luis XIV ense?aba: ?Una de las cosas que eran inculcadas (?por qui?n?) con m?s fuerza en el esp?ritu de los egipcios, era el amor a la patria... No era permitido ser in?til al Estado; la ley asignaba a cada uno su funci?n, que se perpetuaba de padres a hijos. No se pod?a tener dos (funciones) ni cambiar de profesi?n... Pero hab?a una ocupaci?n que deb?a ser com?n, y era el estudio de las leyes y de la sabidur?a. La ignorancia de la religi?n y de las reglamentaciones del pa?s no se toleraba en ninguna clase social. Por otra parte, cada profesi?n ten?a su cant?n que le era asignado (?por qui?n?). Entre las buenas leyes lo mejor que hab?a era que todo el mundo era adiestrado (?por qui?n?) en el esp?ritu de su observancia... Sus art?fices han llenado a Egipto de invenciones maravillosas, y no lo han dejado ignorar casi nada de lo que pod?a hacer la vida m?s c?moda y m?s tranquila?.



Es as? que los hombres, seg?n Bossuet, nada sacan de s? mismos: patriotismo, riqueza, actividad, sabidur?a, invenciones, labranza, ciencias ' todo , les llegaba por el funcionamiento de las leyes o por intermedio de los reyes. Para ellos s?lo se trataba de dejarse manejar.





DEFENSA DEL GOBIERNO PATERNALISTA


Se llega hasta tal punto, que cuando Diodoro acusa a los egipcios de no ser afectos a la lucha y la m?sica, Bossuet se lo reprocha: ??C?mo es eso posible, dice ?l, ya que aquellas artes hab?an sido inventadas por Trimegisto, el Canciller del Dios Osiris??



Lo mismo entre los persas. ?Uno de los primeros cuidados del pr?ncipe era el de hacer florecer la cultura.? ? . tal como exist?an cargos establecidos para la conducci?n de los ej?rcitos, los hab?a tambi?n para velar por los trabajos r?sticos... El respeto que era inspirado a los persas por la autoridad real llegaba hasta el exceso?.



?Los griegos, a?n cuando llenos de ingenio, no resultaban menos extra?os a su propio destino, hasta el punto de que por s? mismos no se habr?an elevado, como los perros y los caballos, hasta la altura de los m?s sencillos juegos. Cl?sicamente, es cosa convenida que todo les viene a los pueblos desde afuera?.



?Los griegos, naturalmente llenos de ingenio y de valor hab?an sido cultivados desde temprano por reyes y colonos llegados de Egipto. De ah? es de donde hab?an aprendido los ejercicios corporales, la carrera a pi?, a caballo y en carros... Lo mejor que les hab?an ense?ado los egipcios era volverse d?ciles, a dejarse formar por leyes, para el bien p?blico... ?.





LA IDEA DE LA PASIVIDAD DE LA ESPECIE HUMANA


No puede ponerse en duda que estas teor?as cl?sicas, ense?adas por los m?s modernos maestros, escritores, legisladores, economistas y fil?sofos, sosten?an que todo ha de llegar a la gente desde una fuente ajena a ella. Fenel?n, Arzobispo y maestro de los Duques de Borgo?a es otro de ellos.



Nutrido en el estudio y en la admiraci?n de la antig?edad, testigo del poder de Luis XIV, Fenel?n dif?cilmente pod?a escapar a la idea de que la humanidad es pasiva, y de que tanto sus desgracias como sus prosperidades, sus virtudes como sus vicios, les vienen por acci?n exterior, ejercitada sobre ella por la ley o por quien la hace. As?, en su ut?pica ciudad de Salento, coloca a los hombres con sus intereses, facultades, deseos y bienes, a la absoluta discreci?n del legislador. Y cualquiera que sea el asunto, nunca lo juzgan por s? mismos, sino que lo hace el pr?ncipe. La naci?n no es sino materia informe, de la que el pr?ncipe es el alma. Es en ?l en quien reside el pensamiento, la previsi?n, el principio de toda organizaci?n, de todo progreso, y por consiguiente, la responsabilidad.



Todo el cap?tulo X de su libro Tel?maco es prueba de esto. Remito ah? al lector, content?ndome con citar algunos pasajes tomados al azar de aquel c?lebre poema, al cual bajo todo otro punto de vista soy el primero en rendir homenaje.





LOS SOCIALISTAS DESDE?AN LA RAZON Y LOS HECHOS


Con la sorprendente credulidad que caracteriza a los cl?sicos, Fenel?n a pesar de la autoridad del razonamiento y de los hechos, admite que en general eran felices los egipcios, y lo atribuye no a su propia sabidur?a, sino a la de sus reyes.



?No pod?amos mirar las dos riberas sin observar ciudades opulentas, casas de campa?a agradablemente situadas, tierras que todos los a?os se cubren de doradas mieses, sin descansar jam?s; praderas llenas de reba?os; labradores abrumados por el peso de los frutos que la tierra desparramaba desde su seno, pastores que hac?an repetir el dulce sonido de sus flautas por todos los ecos de los alrededores. Feliz, dec?a Mentor, el pueblo conducido por un rey sabio?.



?Luego Mentor me hac?a notar el j?bilo y la abundancia desparramados sobre toda la campi?a de Egipto, donde se contaban hasta veintid?s mil ciudades; la justicia ejercida en favor del pobre contra el rico; la buena educaci?n de los ni?os que eran acostumbrados a la obediencia, al trabajo, a la sobriedad, al amor, a las artes y a las letras; la exactitud para todas las ceremonias de la religi?n, el desinter?s, la vocaci?n al honor, la fidelidad hacia los hombres y el temor a los dioses, que todo padre inspiraba a sus hijos. No se cansaba de admirar tan hermoso orden. Feliz, me dec?a, es el pueblo que as? es conducido por un rey sabio?.





QUIEREN LOS SOCIALISTAS REGIMENTAR A LA GENTE


En cuanto a Creta, Fenel?n describe un idilio a?n m?s seductor. Luego agrega por boca de Mentor:



?Todo lo que ver?is en esta isla maravillosa es fruto de las leyes de Minos. La educaci?n que hace dar a los ni?os toma al cuerpo sano y robusto. Se les acostumbra para empezar a una vida sencilla, frugal y laboriosa; se supone que toda voluptuosidad debilita el cuerpo y el esp?ritu: no se les ofrece jam?s otro placer que el de ser invencibles por la virtud y el de adquirir mucha gloria. Aqu? se castigan tres vicios que en otros pueblos son impunes: la ingratitud, el disimulo y la avaricia. En cuanto al lujo y la pompa, nunca se tiene necesidad de reprimirlos ya que son desconocidos en Creta... donde no se toleran ni muebles preciosos, ni vestidos magn?ficos, ni festines deliciosos, ni dorados palacios?.



As? es como Mentor prepara a su disc?pulo para torturar y manipular, con los fines m?s filantr?picos sin duda, al pueblo de Itaca y para mayor seguridad le da el ejemplo de Salento.



?He ah? c?mo recibimos nuestras primeras nociones pol?ticas! Se nos ense?a a tratar a los hombres, m?s o menos en la forma en que Olivier de Serres ense?a a los agricultores a tratar y mezclar las tierras.





NOMBRE FAMOSO E IDEA MALSANA



Montesquieu: ?Para mantener el esp?ritu de comercio es necesario que todas las leyes lo favorezcan; que esas mismas leyes, al distribuir las fortunas a medida que el comercio las aumenta, coloquen a todo ciudadano pobre en una situaci?n de holgura suficiente como para poder trabajar como los dem?s, y a todo ciudadano rico en tal situaci?n de mediocridad como para que tenga necesidad de trabajar para conservar o para adquirir...?.



?Es as? como las leyes disponen de todas la fortunas!



?A pesar de que en la democracia la igualdad verdadera es el alma del Estado, es sin embargo tan dif?cil de establecer, que no convendr?a siempre una extrema exactitud a ese respecto. Es suficiente que se establezca un censo que reduzca o fue las diferencias en un cierto punto. Despu?s de lo cual, es tarea de leyes particulares el igualar las desigualdades, para decirlo as?, por medio de las cargas que imponen a los ricos y el alivio que acuerda a los pobres?.



Otra vez est? ah? claramente la igualizaci?n de las fortunas por medio de la ley, de la fuerza.



?Exist?an en Grecia dos clases de rep?blica. Unas eran militares como Lacedemonia: otras eran comerciantes, como Atenas. En unas se quer?a que los ciudadanos se mantuvieran ociosos; en las otras se buscaba inculcar el amor al trabajo. Ruego que se preste un poco de atenci?n al estudio del genio que necesitaron aquellos legisladores para advertir que al chocar todas las costumbres heredadas, al confundir todas las virtudes, habr?an de mostrar su sabidur?a al universo?.



?Licurgo, mezclando el latrocinio con el esp?ritu de justicia, a m?s dura esclavitud con la extrema Libertad y los m?s atroces sentimientos con la mayor moderaci?n, dio estabilidad a su ciudad. Pareci? quitarle todos los recursos, las artes, el comercio, el dinero y los muros: hay ah? ambici?n sin esperanza de mejorar; ah? est?n los sentimientos naturales sin que se pueda ser ni hijo, ni marido, ni padre: hasta el mismo pudor se le quita a la castidad. Por ese camino Esparta fue llevada a la grandeza y a la gloria?.



?Lo extraordinario que se ve?a en las instituciones de Grecia, lo hemos visto entre la degeneraci?n y la corrupci?n de los tiempos modernos. Un legislador que era hombre honrado ha formado un pueblo en que la propiedad parec?a ser tan natural como el coraje entre los espartanos. William Penn es un verdadero Licurgo, y aun cuando el primero haya tenido por objetivo la paz mientras que el otro tuvo la guerra, se asemejan en cuanto a que el singular prestigio sobre hombres libres, les permiti? vencer prejuicios y pasiones y as?, conducir a sus pueblos por nuevos senderos?.



?El Paraguay puede proporcionamos otro ejemplo. Se ha pretendido imputar como un crimen contra la sociedad, el considerar el placer del mando como el ?nico bien de la vida. Pero ser? siempre hermoso gobernar a los hombres haci?ndolos m?s felices... ?



?Quienes quieran establecer instituciones semejantes deber?n implantar la comunidad de bienes de la rep?blica de Plat?n, como tambi?n el respeto que reclamaba para los dioses, el aislamiento con respecto a los extranjeros a fin de preservar las costumbres, y que el comercio sea practicado por el Estado y no por los ciudadanos; (tales legisladores) deber?n darnos nuestras artes sin nuestro lujo y satisfacer nuestras necesidades y no nuestros deseos?.





UNA IDEA HORRIPILANTE


Por m?s que el entusiasmo vulgar haga exclamar: ??Es de Montesquieu, luego es magn?fico! ?Es sublime!? Yo tendr? el valor de mi opini?n para decir:



?C?mo ten?is el descaro de encontrar eso hermoso!



?Porque es horrible! ?Es abominable! Y estos extractos, que podr?a multiplicar, demuestran que, seg?n las ideas de Montesquieu, las personas, las libertades, las propiedades y la humanidad entera, no son otra cosa que materiales adecuados para que el legislador ejercite su sabidur?a.





EL CAMPEON DE LOS DEMOCRATICOS


Examinemos a Rousseau. Aun cuando este autor, suprema autoridad para los democr?ticos, haga descansar el edificio social sobre la voluntad general, nadie ha admitido tanto como ?l la hip?tesis de la total pasividad del g?nero humano en presencia del legislador.



?Si es verdad que un gran pr?ncipe es algo excepcional, ?qu? ser? trat?ndose de un gran legislador? El primero no tiene m?s que seguir el modelo que el otro debe proponer. Es ?ste el ingeniero que inventa la m?quina, mientras que aqu?l no es m?s que el operario que la arma y la hace funcionar?.



?Y en todo eso qu? son los hombres?



?La m?quina que se arma y hace funcionar, o m?s bien el material en bruto, con el cual se hace la m?quina?



Es as? que entre el legislador y el pr?ncipe, entre el pr?ncipe y sus s?bditos, existen las mismas relaciones que entre el agr?nomo y el agricultor, el agricultor y la tierra. A qu? altura se coloca entonces por encima de la humanidad al autor que rige los mismos legisladores y les ense?a su oficio en estos t?rminos imperativos:



??Se quiere dar consistencia al Estado? Ac?rquense los grados extremos lo m?s posible. No se tolere que existan los opulentos ni los pobretones. Si la tierra es ingrata o est?ril, volveos hacia la industria y las artes, cuya producci?n podr?a ser intercambiada por los art?culos que falten... En buenas tierras, si os falta poblaci?n, debe darse toda la atenci?n y cuidados a la agricultura, que multiplica los hombres y desalojad las artes, que no har?an otra cosa que terminar de despoblar el pa?s... Ocup?os de las riberas dilatadas y c?modas, cubrid el mar de embarcaciones, y tendr?is una existencia brillante y corta. Si no ba?a el mar en vuestras costas otra cosa que rocas inaccesibles, manten?os b?rbaros e icti?fagos, y vivir?is as? m?s tranquilos, tal vez mejores y con seguridad m?s felices. En una palabra, adem?s de las m?ximas comunes para todos, cada pueblo encierra en s? alguna causa que ordena aquellas m?ximas de una manera especial y hace que su legislaci?n sea adecuada s?lo para ?l. Es as? que en otro tiempo los hebreos y recientemente los ?rabes, han tenido como objetivo principal la religi?n, los atenienses las letras; Cartago y Tiro, el comercio, Rodas, la marina: Esparta, la guerra, y Roma la virtud. El autor del Esp?ritu de las Leyes ha demostrado con qu? arte el legislador dirige la instituci?n hacia cada uno de aquellos objetivos... Pero si equivoc?ndose en su finalidad, el legislador parte de un principio diferente del que nace de la naturaleza de las cosas, si uno apunta a la servidumbre y otro a la libertad; uno a la riqueza y otro a la poblaci?n; uno a la paz y otro a la conquista, se ver? que las leyes se debilitan insensiblemente, y que la constituci?n se altera y el Estado no cesar? de encontrarse agitado hasta quedar destruido o cambiado y hasta que la invencible naturaleza haya recuperado su imperio?.



Pero si la naturaleza es suficientemente invencible como para recuperar su imperio, ?por qu? Rousseau no admite que no ten?a necesidad del legislador para tener aquel imperio desde el principio? ?Por qu? no admite que obedeciendo a su propia iniciativa los hombres habr?an de volverse por si mismos hacia el comercio en riberas dilatadas y c?modas sin que un Licurgo, un Sol?n o un Rousseau se entremetan, a riesgo de equivocarse?





LOS SOCIALISTAS QUIEREN LA CONFORMIDAD FORZADA


Como quiera que sea, se comprende la responsabilidad terrible cuyo peso hace gravitar Rousseau sobre los inventores, fundadores, conductores, legisladores y manipuladores de sociedades. Es as? que con respeto a ellos se manifiesta muy exigente.



?Aquel que se atreva a emprender la tarea de dar instituciones a un pueblo, debe sentirse capaz, para decirlo as?, de cambiar la naturaleza humana, de transformar a todo individuo -el que de por s? es un todo perfecto y solitario- en una parte de un todo mayor, del cual el individuo reciba total o parcialmente su vida y su ser, de alterar la constituci?n del hombre para reforzarla: de sustituir una existencia parcial y moral a la existencia f?sica e independiente que hemos recibido todos de la naturaleza. Es necesario, en una palabra, que se retire de los hombres sus fuerzas propias, para darles las que le son extra?as?.



Pobre especie humana. ?Qu? har?an con la dignidad los adeptos de Rousseau?





LOS LEGISLADORES PRETENDEN MOLDEAR LA HUMANIDAD


Raynal: ?El clima, es decir el cielo y la tierra, es la primera regia para el legislador. Sus recursos le dictan sus deberes. Lo que debe consultar en primer lugar es su posici?n local. Una poblaci?n colocada sobre costas mar?timas tendr? leyes relativas a la navegaci?n... Si la colonia es llevada al interior, debe el legislador prever el tipo y grado de fecundidad de las tierras?.



?Por encima de todo, es en la distribuci?n de las tierras donde habr? de brillar la sabidur?a de la legislaci?n. En general en todos los pa?ses del mundo, cuando se funda una colonia, debe darse a todos los hombres, es decir a cada uno de ellos, una extensi?n suficiente para el mantenimiento de una familia...?.



En una isla salvaje en la que se pusiera una poblaci?n de ni?os, no se tendr?a que hacer otra cosa que dejar brotar los g?rmenes de la verdad en el desarrollo de la raz?n... Pero cuando se establece un pueblo ya viejo en un pa?s nuevo, la Habilidad consiste en no dejarle otras opiniones y h?bitos nocivos, que aquellos de los cuales no es posible curarlo y corregirlo. De quererse impedir que los mismos se trasmitan, se debe velar sobre la segunda generaci?n por medio de la educaci?n com?n y publica de los ni?os. Un pr?ncipe, un legislador, jam?s debiera fundar una colonia sin mandar a ella de antemano hombres sabios para instruir la juventud... En una colonia naciente se encuentran abiertas todas las oportunidades para Las precauciones del legislador que quiera depurar la sangre y las costumbres de un pueblo. Teniendo genio y virtud, las tierras y los hombres que tendr?n en sus manos habr?n de inspirar en su esp?ritu un plan de sociedad que un intelectual jam?s puede trazar sino de una manera vaga y sujeta a la inestabilidad propia de las hip?tesis que var?an y se complican por una infinidad de circunstancias demasiado dif?ciles para ser previstas y combinadas?.



?No parece estarse escuchando a un profesor de agricultura que dice a sus alumnos: El clima es la primera norma para el agricultor? Sus recursos le dictan sus deberes. Debe empezar por consultar su posici?n local. De estar en tierra arcillosa, debe conducirse de tal manera. Si tiene que hab?rselas con terreno arenoso, he ah? c?mo debe proceder.



El agricultor que quiere limpiar y mejorar su campo dispone de toda clase de facilidades. Si tiene habilidad, las tierras y los abonos que estar?n en sus manos, le inspirar?n un plan de explotaci?n, que un profesor jam?s puede trazar sino de una manera vaga y sujeta a la inestabilidad de las hip?tesis, que var?an y se complican junto con una infinidad de circunstancias en exceso dif?ciles de prever y combinar.



Pero, ?oh sublimes intelectuales, tened la bondad de recordar alguna vez que la arcilla, la avena y el esti?rcol de que se trata, de los que dispon?is tan arbitrariamente, son hombres, vuestros iguales, seres inteligentes y libres como vosotros, que como vosotros han recibido de Dios, la facultad de ver, de prever, de pensar y de juzgar por s? mismos!





LA DICTADURA TEMPORAL


Mably, despu?s de explicar que las leyes han quedado gastadas por la herrumbre del tiempo y por la negligencia producida por la seguridad, contin?a dirigi?ndose a sus lectores as?:



?En tales circunstancias hay que convencerse de que se han aflojado los resortes del gobierno. D?seles nueva tensi?n y el mal quedar? curado... Pi?nsese menos en castigar las faltas que en promover las virtudes que se necesitan. Con ese sistema quedar? devuelto a nuestra rep?blica el vigor de nuestra juventud. ?Los pueblos libres han perdido la libertad a causa de no haberla conocido! Pero si los progresos del mal son tales como para que los magistrados comunes no puedan ya ponerle remedio con eficacia, recurrid a una magistratura extraordinaria, cuya duraci?n sea corta y cuyo poder sea considerable. En ese caso es necesario impresionar la imaginaci?n de los ciudadanos?.



Y todo lo mismo por el estilo durante veinte vol?menes.



Bajo la influencia de semejantes ense?anzas que son el fondo de la educaci?n cl?sica, lleg? la ?poca en que todos han pretendido colocarse fuera y por encima de la humanidad, a fin de arreglarla, organizarla e instituirla a su manera.





LOS SOCIALISTAS QUIFREN LA IGUALDAD DE FORTUNAS


Condillac: "Erig?os, Monse?or, en un Licurgo o en un Sol?n. Y antes de continuar la lectura de lo que aqu? escribo, entreten?os en dotar de leyes a alg?n pueblo salvaje de Am?rica o Africa. Estableced a esos pueblos errantes en habitaciones fijas; ense?adles a alimentar reba?os...; esforz?os en desarrollar las aptitudes sociales que les ha dado la naturaleza... Ordenadles que empiecen a practicar los deberes de la humanidad. Envenenad por medio de castigos los placeres que prometen las pasiones, y ver?is que esos b?rbaros por cada art?culo de vuestra legislaci?n, perder?n un vicio y adquirir?n una virtud. Todos los pueblos han tenido leyes. Pero pocos de entre ellos han sido felices. ?Cu?l es la causa? Est? en que los legisladores casi siempre han ignorado que el objeto de la sociedad es el de unir las familias por medio de un inter?s com?n".



?La imparcialidad de las leyes consiste en dos cosas: en establecer la igualdad en las fortunas e igualdad en la dignidad de los ciudadanos... A medida que vuestras leyes establezcan mayor igualdad, se har?n m?s ansiadas por todo ciudadano. ?C?mo habr?an de agitar a hombres iguales en fortuna y dignidad, la avaricia, la ambici?n, la voluptuosidad, la pereza, la ociosidad, la envidia, el odio y los celos, sabiendo que las leyes no les dejar?n la esperanza de quebrar aquella igualdad??





ERROR DE LOS INTELECTUALES SOCIALISTAS


No es sorprendente que los siglos XVII y XVIII hayan considerado al g?nero humano como materia inerte, que todo lo espera y recibe, -forma, figura, impulso, movimiento y vida- de un gran pr?ncipe, de un gran legislador, de un gran genio. Aquellos siglos se nutrieron en el estudio de la antig?edad, y en efecto, la antig?edad nos ofrece en todas partes, en Egipto, en Grecia, en Persia y en Roma, el espect?culo de algunos hombres manipulando a su antojo a la humanidad reducida a servidumbre por la fuerza o el fraude. ?Qu? prueba eso? Que ya que el hombre y la sociedad son capaces de mejorarse, el error, la ignorancia, el despotismo, la esclavitud y la superstici?n tienen que existir en mayor grado en el comienzo de los tiempos. La equivocaci?n de los intelectuales que he citado, no est? en haber comprobado el hecho, sino en haberlo propuesto como norma para la imitaci?n y admiraci?n de generaciones futuras. Su error reside en -con inconcebible ausencia de esp?ritu cr?tico y basados en la fe de un convencionalismo pueril- haber admitido lo que es inadmisible, o sea creer que fue grandeza, dignidad, moralidad y un estado general de bienestar lo que existi? en esas sociedades artificiales del mundo antiguo; se equivocan al no haber comprendido que el tiempo produce y propaga el esclarecimiento; que a medida que se hace la luz, la fuerza pasa del lado del derecho y la sociedad recobra la posesi?n de s? misma.





?QUE ES LA LIBERTAD?



Y en efecto, ?cu?l es el desarrollo pol?tico que estamos presenciando? No es otra cosa que el esfuerzo instintivo de todos los pueblos hacia la libertad. ?Y qu? es la libertad, esa palabra que tiene el poder de hacer palpitar todos los corazones y de agitar al mundo sino el conjunto de todas las libertades? Libertad de conciencia, de ense?anza, de asociaci?n, de prensa, de locomoci?n, de trabajo, de intercambio. En otros t?rminos, el ejercicio en ausencia de interferencias ajenas, de todas las facultades que no perjudiquen los iguales derechos de los dem?s; a?n del despotismo legal, y el reducir la ley a su ?nica atribuci?n racional, que es la de reglamentar el derecho individual de leg?tima defensa o de reprimir la injusticia.



Debe convenirse que aquella tendencia del g?nero humano se ve en mucho contrariada, especialmente en nuestra patria, por la funesta inclinaci?n que es fruto de la ense?anza cl?sica, com?n a todos los intelectuales, de colocarse fuera de la humanidad para arreglarla, organizarla e instituirla a su capricho.





TIRANIA FILANTROPICA


Mientras que la sociedad se agita para alcanzar la libertad, los grandes hombres que se colocan a su cabeza, imbuidos de los principios de los siglos XVII y XVIII no piensan sino en doblegarla bajo el filantr?pico despotismo de sus invenciones sociales y en hacerla soportar d?cilmente -seg?n la expresi?n de Rousseau- el yugo de la facilidad p?blica, tal cual ellos la han imaginado.



Bien se vio eso en 1789. Apenas qued? destruido el antiguo r?gimen legal, se present? la preocupaci?n y la tarea de someter la nueva sociedad a otros arreglos artificiales, partiendo siempre de esta base convenida: la omnipotencia de la ley.



Saint Just: ?El legislador domina el porvenir. Es ?l quien debe disponer el bien de la humanidad. El es quien debe hacer que los hombres sean como ?l desea?.



Billaud-Varenne: ?Es necesario volver a moldear un pueblo al que se le quiere devolver la libertad. Se quiere la destrucci?n de viejos prejuicios, cambiar antiguas costumbres, perfeccionar afectos depravados, restringir necesidades superfluas y extirpar vicios inveterados; se requiere acci?n fuerte, acci?n vehemente... Ciudadanos, la inflexible austeridad de Licurgo se torn? en Esparta la base inconmovible de la rep?blica; el car?cter d?bil y confiado de Sol?n volvi? a surgir a Atenas en la esclavitud. Este paralelo encierra toda la ciencia del gobierno?.



Robespierre: ?La funci?n del gobierno est? en dirigir las fuerzas f?sicas y morales de la naci?n hacia la meta para la cual ha sido instituida?.



Lep?letier: ?Considerando hasta qu? punto se encuentra degradada la especie humana, me he convencido de la necesidad de operar una total regeneraci?n, y si puedo expresarme as?, de crear un nuevo pueblo?.





LOS SOCIALISTAS QUIEREN LA DICTADURA



Como se ve a sus ojos, los hombres no son mas que vil materia prima. No les corresponde querer el bien; son incapaces de ello; le corresponde al legislador, seg?n Saint Just. Los hombres no son sino lo que ?l quiere que sean.



Para Robespierre, que copia literalmente a Rousseau, el legislador empieza por asignar la finalidad para la cual se instituye la Naci?n. Luego, los gobiernos no tienen m?s que dirigir hacia aquella finalidad todas las fuerzas f?sicas y morales. La naci?n en s? permanece siempre pasiva en todo eso y Billaud-Varenne nos ense?a que la gente no debe tener sino los prejuicios, las costumbres, los afectos y las necesidades, que el legislador autorice. Llega hasta decir que la inflexible austeridad de un hombre, es la base de una rep?blica.



Se ha visto que en el caso de que el mal sea tan grande que no puedan remediarlo los magistrados comunes, Mably aconseja la dictadura para hacer que florezca la virtud: ?Recurrid? dice, ?a una magistratura extraordinaria, cuya duraci?n sea corta y el poder considerable?. ?Es necesario impresionar la imaginaci?n de los ciudadanos?.



No ha quedado perdida aquella doctrina; escuchemos a Robespierre:



?El principio de gobierno republicano est? en la virtud y su medio - de acci?n mientras se establece, en el terror. Queremos que sustituya en nuestro pa?s, la moral al ego?smo, la probidad al honor, los principios a las costumbres, los deberes a las formalidades decorosas, el desprecio al vicio al menosprecio de la desgracia, la dignidad a la insolencia, la grandeza de alma a la vanidad, el amor por la gloria al amor al dinero, la gente buena a la gente agradable, el m?rito a la intriga, el genio al ingenio, la verdad a la apariencia brillante, el encanto de la felicidad a los trastornos de la voluptuosidad, la grandeza del hombre a la peque?ez de los grandes, un pueblo magn?nimo, poderoso y feliz a un pueblo amable, fr?volo y miserable: es decir, todas las virtudes y todos los milagros de la Rep?blica a todos los vicios y a todas las ridiculeces de la monarqu?a?.





ARROGANCIA DICTATORIAL


?A qu? altura por encima de la humanidad se coloca aqu? Robespierre! Y n?tese las circunstancias en que habla. No se limita a expresar el deseo de una gran renovaci?n del coraz?n humano. Ni siquiera espera qu? habr? de resultar de un gobierno normal. No; quiere ?l operarlo por s? mismo y por medio del terror. El discurso, de que se ha extra?do aquel pueril y laborioso amasijo de ant?tesis ten?a por objeto exponer los principios de moral que deben dirigir a un gobierno revolucionario. N?tese que cuando Robespierre viene a pedir la dictadura, no es solamente para rechazar al extranjero o para combatir las facciones; es m?s bien para hacer prevalecer, por el terror sus principios propios de moral, en tanto se establece una nueva Constituci?n. Su pretensi?n llega a nada menos que a querer extirpar del pa?s, por el terror: ego?smo, honor, costumbres, formalidades de decoro, moda, vanidad, amor al dinero, distinci?n, intriga, espiritualidad, voluptuosidad y miseria. S?lo despu?s de que ?l, Robespierre, haya realizado aquellos milagros -como con raz?n los llama-, permitir? que las leyes recobren su imperio. ?Ea! miserables que tan grandes os cre?is, que juzg?is a la humanidad tan peque?a, que todo lo quer?is reformar. Reform?os vosotros mismos; con esa tarea os basta.





DESPOTISMO INDIRECTO


En general, sin embargo, los se?ores reformadores, legisladores e intelectuales no reclaman ejercitar sobre la humanidad un despotismo directo. No; son demasiado moderados y demasiado fil?ntropos para eso. No piden m?s que el despotismo, absolutismo y omnipotencia por medio de la ley. Solamente pretenden dictar ellos la ley.



Para mostrar cu?n universal ha sido en Francia esa extra?a disposici?n de los esp?ritus, as? como me habr?a sido necesario reproducir por entero a Mably, a Raynal, a Rousseau y a Fenel?n, con largos extractos de Bossuet y Montesquieu, tendr?a tambi?n que reproducir la versi?n completa de las sesiones de la Convenci?n. De ello me guardar? bien, remitiendo al lector a dicha versi?n.





NAPOLEON GUERIA UNA HUMANIDAI) PASIVA


Bien debe suponerse que aquellas ideas debieron tener la simpat?a de Bonaparte. Las adopt? con fervor, poni?ndolas en?rgicamente en pr?ctica. Consider?ndose como un qu?mico, no vio en Europa sino materia de experimentaci?n. Pero esa materia pronto demostr? ser un reactivo poderoso. Desenga?ado en buena medida, Bonaparte en Santa Elena pareci? reconocer que en los pueblos existe alguna iniciativa, mostr?ndose menos hostil a la libertad. Lo que sin embargo no le impidi? dar a su hijo, en su testamento, la siguiente lecci?n: "Gobernar es esparcir la moralidad, la instrucci?n y el bienestar".



?Acaso es ahora necesario hacer ver por medio de fastidiosas citas, de d?nde arrancan Morelly, Babeuf, Owen, Saint Simon y Fourier? Me limitar? a someter al lector algunos extractos del libro de Louis Blanc sobre la organizaci?n del trabajo.



?En nuestro proyecto, la sociedad recibe el impulso del poder?. ?En qu? consiste el impulso que da a la sociedad el poder gubernativo? Es imponer el proyecto de Louis Blanc. Por otro lado, la sociedad a que se refiere es el g?nero humano. Luego, en definitiva, el g?nero humano recibe el impulso de Louis Blanc.



All? ?l, se dir?. Sin duda el g?nero humano tiene libertad para seguir los consejos de quienquiera que sea. Pero no es as? como entiende el asunto Louis Blanc. Entiende que su proyecto quede convertido en ley y por consiguiente, que sea impuesto por la fuerza, por el poder.



?En nuestro proyecto el Estado no hace m?s que dar al trabajo una legislaci?n (?nada m?s?) en virtud de la cual el movimiento industrial puede y debe realizarse con toda libertad. El (Estado) no hace m?s que colocar a la libertad sobre una pendiente (?nada m?s que eso?) por la que baja una vez colocada en ella, por la sola fuerza de las cosas y como consecuencia natural del mecanismo establecido?.



?Pero cu?l es la pendiente? La indicada por Louis Blanc. ?C?mo es entonces que la sociedad no se coloca en tal pendiente por s? misma? Porque Blanc supone que no sabe lo que quiere y tiene necesidad de impulso. ?Y qui?n habr? de darle ese impulso?: El poder. ?Y qui?n prestar? impulso al poder?: Louis Blanc.





EL CIRCULO VICIOSO DEL SOCIALISMO


Jam?s podemos salir de este c?rculo: la humanidad permanece pasiva y un gran hombre la pone en movimiento por intermedio de la ley.



Una vez que est? en la pendiente en cuesti?n, ?por lo menos gozar? la sociedad de alguna libertad? Por supuesto. ?Y qu? es la libertad, seg?n Louis Blanc?



?Dig?moslo una vez por todas: la libertad no consiste s?lo en el derecho concedido, sino en el poder, dado al hombre para que lo ejercite, de desarrollar sus facultades, bajo el imperio de Injusticia y bajo la salvaguardia de la ley. Y no se trata de un distingo sin importancia: tiene un sentido profundo y son inmensas sus consecuencias. Porque si se admite que para ser verdaderamente libre el hombre necesita el poder de ejercitar y desarrollar sus facultades, resulta de ah? que la sociedad es deudora con respecto a cada uno de sus miembros, en cuanto a proporcionarles una educaci?n adecuada, sin la cual el esp?ritu humano no puede desenvolverse, les debe tambi?n los instrumentos de trabajo a falta de los cuales la actividad humana no puede seguir su curso. Ahora, ?por intervenci?n de qui?n, si no es el Estado, puede la sociedad dar a cada uno de sus miembros la instrucci?n adecuada y los necesarios instrumentos de, trabajo?.



Es as? que la libertad es el Poder. ?En qu? consiste tal poder seg?n Blanc? En poseer la instrucci?n e instrumentos de trabajo. ?Qui?n habr? de dar la instrucci?n y los instrumentos de trabajo? La sociedad que al respecto es deudora. ?Por intervenci?n de qui?n dar? la sociedad los instrumentos de trabajo a qui?n no los posee? Por intervenci?n del Estado. ?A qui?n habr? de quit?rselos el Estado? Corresponde al lector dar la respuesta y ver a d?nde desemboca todo esto.





LA DOCTRINA DEMOCRATICA


Uno de los fen?menos mas extra?os de nuestro tiempo, y que probablemente sorprender? mucho a nuestros nietos, est? en el hecho de que la doctrina se base en esta triple hip?tesis: La radical inercia de la humanidad, la omnipotencia de la ley, y la infalibilidad del legislador, como s?mbolo sagrado del partido que se proclama a s? mismo como ?nico partido democr?tico.



Cierto es que tambi?n dice ser social.



En cuanto a democr?tico, tiene fe limitada en la humanidad. En cuanto a lo social, lo pone al nivel del lodo.



Si se trata de derechos pol?ticos, si se trata de hacer surgir al legislador de su seno, ?oh! entonces, seg?n la doctrina critica, el pueblo posee la ciencia infusa; est? dotado de un tacto admirable; su voluntad es siempre recta, la voluntad general no puede errar. No pod?a el sufragio ser universal en demas?a.



Nadie da a la sociedad garant?a alguna. La voluntad y capacidad de elegir bien se suponen siempre. ?Acaso puede equivocarse el pueblo? ?Acaso no estamos en el siglo de las luces? ?Pues qu?! ?Habr? el pueblo de permanecer siempre bajo tutela? ?No ha conquistado sus derechos con bastante esfuerzo y sacrificios? ?No ha dado suficientes pruebas de su inteligencia y sabidur?a? ?No ha llegado a su madurez? ?No est? en estado de formar juicio por si mismo? ?No conoce sus propios intereses? ?Existe un hombre o una clase que se atreve a reivindicar el derecho de sustituir al pueblo, de decidirse a actuar en su lugar? No, no; el pueblo quiere ser libre y lo ser?. Quiere dirigir sus propios asuntos y habr? de dirigirlos.



Pero, en un momento dado el legislador queda desligado de los comicios por medio de la elecci?n; ?oh! entonces el lenguaje cambia. La naci?n vuelve a la pasividad, a la inercia y a la nada, y el legislador toma posesi?n de la omnipotencia. Le corresponde a ?l la inventiva, la direcci?n, la impulsi?n y la organizaci?n. La humanidad no tiene m?s que dejarse manejar; ha sonado la hora del despotismo. Y n?tese que se trata de algo fatal; porque aquel pueblo, que hac?a poco era ilustrado, tan moral, tan perfecto, ahora no tiene ya ninguna especie de iniciativa, o si las tiene, lo arrastran todas hacia la degradaci?n.





CONCEPTO SOCIALISTA DE LA LIBERTAD


?Y habr?a que dejarle un poco de libertad!



Se ignora que seg?n Considerant la libertad conduce fatalmente al monopolio ?No se sabe que la libertad conduce a la competencia? ?Y qu? es la competencia para Louis Blanc, en cuanto al pueblo , sino un sistema de exterminio y para !a burgues?a, causa de ruina? ?Ser? por eso que los pueblos quedan tanto m?s exterminados y arruinados cuanto m?s libres son, viendo como testimonio a Suiza, Holanda, Inglaterra y los Estados Unidos? ?Se ignora que seg?n Louis Blanc, la competencia conduce al monopolio y que, por la misma raz?n de baratura conduce a la exageraci?n de precios? ?Cree que la competencia tiende a secar las fuentes del consumo y empuja a la producci?n hacia una actividad devoradora?



?Acaso la competencia obliga al aumento de la producci?n y a la disminuci?n en el consumo? De ello se concluir?a que los pueblos libres producen para no consumir; que la competencia constituye a la vez opresi?n y demencia; y que es absolutamente necesario que Louis Blanc tome cartas en el asunto.





LOS SOCIALISTAS TEMEN TODAS LAS LIBERTADES


Pues bien, para ellos, ?qu? libertad podr?a dejarse a los hombres? ?Se tratar?a de la libertad de conciencia? ?No se ver?a entonces que todos aprovechan el permiso para volverse ateos? ?La libertad de ense?anza? ?Los padres no se apresurar?an a pagar profesores para que ense?en a sus hijos la inmoralidad y el error? Si se creyera a Thiers, de dejarse la ense?anza en manos de la libertad nacional, cesar?a de ser nacional y educar?amos a nuestros ni?os siguiendo las ideas de los turcos o hind?es, en lugar de que, gracias al despotismo legal de la universidad, tengan la felicidad d? recibir ense?anza de acuerdo con las nobles ideas de los romanos. ?La libertad de trabajo? Pero eso ser?a competencia, que tiene por efecto dejar sin consumir los productos, exterminar al pueblo y arruinar la burgues?a. ?La libertad de intercambio? Ellos creen que los proteccionistas han demostrado hasta la saciedad que un hombre se arruina cuando intercambia libremente y que para enriquecerse hay que 'intercambiar sin libertad. ?La libertad de asociaci?n? Seg?n la doctrina socialista, libertad y asociaci?n son entre s? excluyentes ya que precisamente no se aspira a arrebatar a los hombres su libertad m?s que para forzarlos a asociarse.



Bien se ve que los dem?cratas socialistas, en toda conciencia no pueden dejar a los hombres ninguna libertad, puesto que por naturaleza propia -y a menos que los se?ores socialistas intervengan para poner orden en todo sentido- las tendencias naturales de la gente los llevan a toda clase de degradaci?n y falta de moral.



Habr?a que adivinar en tal caso, con qu? fundamento ellos mismos son quienes reclaman, con tanta insistencia, el sufragio universal.





LA IDEA DEL SUPERHOMBRE


Las pretensiones de los organizadores dan lugar a otra pregunta, que a menudo les he formulado y a la cual, que yo sepa, jam?s han dado respuesta.



Desde que las tendencias naturales de la humanidad son tan malas como para que deba priv?rseles de la libertad, ?c?mo resulta que las tendencias de los organizadores puedan ser buenas? ?Acaso los legisladores y sus agentes no forman parte del g?nero humano? ?Es que se creen amasados con barro diferentes del que sirvi? para el resto de los hombres? Dicen que la sociedad, abandonada a s? misma, corre fatalmente al abismo porque sus instintos son perversos. Pretenden detenerla en esa pendiente, imprimi?ndole una nueva direcci?n. Luego, ellos han recibido del cielo inteligencia y virtudes que los colocan fuera y por encima de la humanidad; pues que nos muestren sus t?tulos. Quieren ser pastores, quieren que seamos reba?o. Tal arreglo presupone en ellos una superioridad de naturaleza, con respecto a la cual tenemos todo el derecho de pedir previamente la prueba.





LOS SOCIALISTAS RECHAZAN LA LIBRE ELECCION


N?tese que lo que pongo en duda no es el derecho de inventar combinaciones sociales, de propagarlas, aconsejarlas y experimentarlas en ellos mismos a su costo y riesgo; lo que disputo es el derecho de imponernos todo eso por intermedio de la ley, es decir por la fuerza y obligamos a pagarlo con nuestros impuestos.



Pido que los Cabetistas, Fourieristas, Proudhonianos, Universalistas y Proteccionistas renuncien, no a sus ideas particulares sino a la idea que les es com?n de sometemos por la fuerza a sus grupos y seres, a sus talleres socializados, a su banca gratuita, a su moral greco-romana y a sus trabas comerciales. Lo que reclamo de ellos es que nos dejen la facultad de juzgar sus planes y la libertad de no asociarnos a ellos, directa o indirectamente, si es que encontramos que da?an nuestros intereses, o que repugnan a nuestra conciencia.



Porque la pretensi?n de hacer intervenir al poder y al impuesto, adem?s de ser opresiva y expoliativa, Implica aun esta hip?tesis de prejuicio: la incompetencia de la humanidad y la infalibilidad del planificador.



Y siendo la humanidad incompetente para formar juicio por s? misma, ?por que viene a habl?rsenos de sufragio universal?





CAUSA DE LAS REVOLUCIONES EN FRANCIA:

EL INMENSO PODER DEL GOBIERNO



Aquella contradicci?n en las ideas desgraciadamente se ha reproducido en los hechos y mientras el pueblo franc?s se ha adelantado a todos los dem?s en la conquista de sus derechos, o m?s bien de sus garant?as pol?ticas, no por eso ha dejado de permanecer como el m?s gobernado, dirigido, administrado, grabado, trabado y explotado de todos los pueblos de Europa.



Tambi?n es de todos los pueblos de Europa aquel en el cual las revoluciones son m?s inminentes, y tiene que ser as?.



Ya que se parte de la idea, admitida por todos nuestros intelectuales y expresada con tanta energ?a por Louis Blanc con estas palabras: ?La sociedad recibe la impulsi?n del poder p?blico?. Y, as? continuar? mientras consideren a los hombres como sensibles pero pasivos, incapaces de elevarse por propio discernimiento y por energ?a propia hasta ning?n grado de moralidad o bienestar, quedando reducidos a esperarlo todo de la ley. En breve, cuando admiten que las relaciones con el Estado son las que median entre reba?o y pastor, queda en claro que la responsabilidad del poder gubernativo es inmensa. Bienes y males, virtudes y vicios, igualdad y desigualdad, opulencia y miseria, todo emana de ?l. Est? a cargo de todo, todo lo mantiene, lo hace todo; luego es responsable por todo. Si somos felices, con todo derecho, el Estado reclama nuestro reconocimiento; pero si nos vemos en la miseria, ?no es s?lo a ?l a quien podemos acusar? ?Acaso no dispone, en principio, de nuestras personas y de nuestros bienes? ?No es la ley omnipotente? Al crear el monopolio universitario, se ha hecho cargo de responder a las esperanzas de los padres de familia, privados de su libertad; si aquellas esperanzas se ven fallidas, ?qui?n tiene la culpa? Al reglamentar la producci?n, se ha hecho cargo de hacerla prosperar. de lo contrario hubiera sido absurdo quitarle su libertad-, si por ello se perjudica, ?qui?n tiene la culpa? Al inmiscuirse para ponderar el equilibrio comercial, por el juego de las tarifas, se ha hecho cargo de hacer florecer el comercio: y si lejos de florecer, muere, ?qui?n tiene la culpa?



Al recordar a los fabricantes nacionales su protecci?n -a cambio de su libertad- se ha hecho cargo de hacer lucrativo el negocio; y si resulta oneroso, ?qui?n tiene la culpa?



As?, no hay un solo deber en la naci?n del cual el Gobierno no se haya hecho responsable de su propia iniciativa. ?Habr? raz?n para sorprendemos de que cada sufrimiento sea causa de revoluci?n?



?Y cu?l es el remedio que se propone? Pues el de ensanchar indefinidamente el ?mbito de la ley, es decir, aumentar la responsabilidad del Gobierno.



Pero si el Gobierno toma a su cargo la elevaci?n y regulaci?n de los salarios, y resulta que no puede hacerlo: si se encarga de prestar asistencia a todos los infortunios y no puede hacerlo; si se encarga de asegurar la jubilaci?n a todos los trabajadores y no puede hacerlo: si se encarga de suministrar instrumentos de trabajo a todos los obreros y no puede hacerlo; si se encarga de abrir a todos los ?vidos de empr?stitos un cr?dito gratuito, y no puede hacerlo: si, seg?n las palabras que con sentimiento hemos visto brotar de la pluma de Lamartine. ?El Estado toma para s? la misi?n de iluminar, desarrollar, engrandecer, fortificar, espiritualizar y santificar el alma de los pueblos? y en ello fracasa, ?acaso no se advierte que al final de cada decepci?n, ?ay! m?s que probable, est? una revoluci?n no menos inevitable?





POLITICA Y ECONOMIA


Retomo a mi tesis para decir: inmediatamente despu?s de la ciencia econ?mica y en el dintel de la pol?tica se presenta una interrogaci?n dominante. Es la siguiente:



?Qu? es la ley? ?Qu? debe ser?



?Cu?l es su ?mbito? ?Cu?les son su l?mites? ?D?nde se detienen, en consecuencia las atribuciones del legislador?



No vacilo en responder: La Ley es la fuerza com?n organizada para obstaculizar la injusticia; y para abreviar, la ley es la justicia.





LEGITIMA FUNCION DE LA LEGISLACION



No es verdad que el legislador tenga sobre nuestras personas y propiedad un poder absoluto, ya que aquellas son preexistentes y que la tarea de la ley es proveerlas de garant?as.



No es verdad que la ley tenga por misi?n regir nuestra conciencia, nuestras ideas, voluntades, instrucci?n, sentimiento, trabajos, intercambios, informaciones y satisfacciones.



Su misi?n est? en impedir que en ninguno de esos puntos, el derecho de uno quede usurpado por el de otro.



La ley, debido a que tiene la fuerza como sanci?n necesaria, no puede tener otro ?mbito leg?timo que el leg?timo ?mbito de la fuerza, es decir: la justicia.



Y como todo individuo s?lo tiene derecho a recurrir a 1a fuerza en el caso de leg?tima defensa, la fuerza colectiva, que no es sino la reuni?n de las fuerzas individuales, no podr?a se aplicada racionalmente para otra finalidad.



La ley es pues ?nicamente la organizaci?n de preexistente derecho individual de leg?tima defensa: La ley es la justicia.





LEY Y CARIDAD NO ES LO MISMO



El objeto de la ley no es servir para oprimir a las personas o expoliar la propiedad, aun con fines filantr?picos, cuanto que es su misi?n proteger la persona y la propiedad.



Y que no se diga que puede por lo menos ser filantr?pica con tal que se abstenga de toda opresi?n y de toda expoliaci?n; eso es contradictorio. La ley no puede dejar de actuar sobre las personas o los bienes; si no os garantiza, los viola por el solo hecho de actuar, por el solo hecho de existir.



La ley, es la justicia; algo claro, sencillo, perfectamente definido y delimitado, accesible a toda inteligencia y visible para todos los ojos, porque la justicia es determinable, inmutable, inalterable, que no puede ser admitida en m?s ni en menos.



Sali?ndose de ah?, haciendo a la ley religiosa, fraternalizadora, igualizadora, filantr?pico, industrial, literaria, art?stica, pronto se est? en lo infinito, en lo desconocido, en la utop?a impuesta, o lo que es peor, en la multitud de las utop?as luchando por apoderarse de la ley y por imponerla-, porque la fraternidad y la filantrop?a no tienen l?mites fijos como la justicia.



?D?nde detenerse? ?Qui?n habr? de detener a la ley?





CAMINO DIRECTO HACIA EL COMUNISMO


Alguno, como Saint-Cricq, no habr? de extender su filantrop?a sino hasta algunas clases de industriales y pedir? a la ley que disponga de los consumidores en favor de los productores. Otro, como Considerant, se har? cargo de la causa de los trabajadores y reclamar? de la ley para ellos un ingreso m?nimo asegurado, vestido, alojamiento, alimentaci?n y todas las cosas necesarias para el mantenimiento de la vida. Un tercero, Louis Blanc, dir? con raz?n que no hay ah? sino un esbozo de paternalismo y que la ley debe darle a todos instrumentos de trabajo e instrucci?n. Otra persona har? observar que tal arreglo deja a?n sitio para la desigualdad y que la ley debe hacer penetrar en las aldeas m?s remotas, el lujo, la literatura y las artes. Se nos llevar? as? hasta el comunismo, o m?s bien la legislaci?n ser?... lo que ya es: un campo de batalla de todos los sue?os y de todos los inmoderados apetitos.





BASE DEL GOBIERNO ESTABLE


Dentro de este c?rculo, se concibe un gobierno sencillo e inconmovible. Y desaf?o a que se me diga de d?nde podr?a salir la Idea de una revoluci?n, Insurrecci?n o de un simple mot?n, contra una fuerza p?blica limitada a reprimir la injusticia. Bajo tal r?gimen habr?a m?s bienestar y ?ste estar?a m?s justamente repartido, y en cuanto a los sufrimientos, que son inseparables de la humanidad, a ninguno se le ocurrir?a culpar al gobierno, que ser?a tan extra?o a ellos como lo es a las variaciones de temperatura. ?Se ha visto alguna vez al pueblo insurreccionarse contra la corte de casaci?n o irrumpir en el pretorio del juez de paz para reclamar salarios m?nimos, cr?dito gratuito, instrumentos de trabajo, el subsidio de las tarifas o el taller socializado? Bien sabe que tales combinaciones est?n fuera del poder del juez y del mismo modo podr?a aprender que est?n fuera del poder de la ley.



Pero, que se dicte la ley bas?ndose en el principio de la fraternidad, proclamando que de la ley emanan bienes y males, que es responsable por toda desigualdad social, y se abrir? la puerta a una interminable serie de quejas, odios, trastornos y revoluciones.





JUSTICIA SIGNIFICA IGUALDAD DE DERECHOS


La ley es la justicia. ?Y bien extra?o ser?a que pudiera equitativamente ser otra cosa!



?Acaso la justicia no es el derecho?



?Acaso todos los derechos no son iguales? ?C?mo pues podr?a intervenir la ley para someterme a los planes sociales de Mimerel, Melun, Thiers y Louis Blanc, en lugar de someter a esos se?ores a mis planes? ?Se cree que no he recibido de la naturaleza la suficiente imaginaci?n para inventar tambi?n una utop?a? ?Acaso le corresponde a la ley la elecci?n entre tantas quimeras, poniendo la fuerza p?blica al servicio de una de ellas?



La ley es la justicia. Y que no se diga, como continuamente ocurre, que concebida as? la ley atea, individualista y sin entra?as, resultar?a transformando a la humanidad a su imagen y semejanza. Es esa una deducci?n absurda, muy digna del entusiasmo por todo lo que venga del Gobierno que lleva a la humanidad a creer en la omnipotencia de la ley.



?C?mo! ?Del hecho de que seamos libres tiene que resultar que dejemos de actuar? ?De que no recibamos la impulsi?n de la ley, debe resultar que quedemos desprovistos de toda impulsi?n? De que la ley se limite a garantizar el libre ejercicio de nuestras facultades, ?ha de resultar que nuestras facultades sean atacadas de inercia? Del hecho de que la ley no nos imponga formas religiosas, modos de asociaci?n, m?todos de. ense?anza, procedimientos de trabajo, restricciones al comercio, planes de caridad, ?ha de resultar que nos apresuremos a hundirnos en el ate?smo, el aislamiento, la ignorancia, la miseria y el ego?smo? ?Es resultado obligado que no sepamos ya reconocer el poder y la bondad de Dios, ni asociarnos, ni prestarnos ayuda mutua, ni amor y socorros a nuestros hermanos en desgracia, ni estudiar los secretos de la naturaleza, ni aspirar al perfeccionamiento de nuestro ser?





EL CAMINO HACIA LA DIGNIDAD Y EL PROGRESO


La ley es la justicia. Y bajo la ley de justicia, bajo el r?gimen de derecho, bajo la influencia de la libertad, de la seguridad, la estabilidad y la responsabilidad, es como todo hombre habr? de llegar a su pleno valor, a toda la dignidad de su ser, como la humanidad regresar? el progreso que est? en su destino, con orden y calma -con lentitud sin duda-, pero con certeza.



Me parece que tengo a mi favor la teor?a; porque cualquiera que sea el asunto que someta al razonamiento, ya sea religioso, filos?fico, pol?tico o econ?mico: ya se trate de bienestar, de moralidad, de igualdad, de derecho, de justicia, de progreso, de responsabilidad, de solidaridad, de propiedad, de trabajo, de intercambio, de capital, de salarlos, de impuestos, de poblaci?n, de cr?ditos o de gobiernos; en cualquier parte del horizonte cient?fico en que se coloque el punto de partida de mis investigaciones, invariablemente siempre llego a la siguiente: la soluci?n del problema social est? en la libertad.





IDEA PUESTA A PRUEBA


?Acaso no tengo tambi?n a mi favor la experiencia? Tended la mirada sobre el globo. ?Cu?les son los pueblos m?s felices, m?s morales y m?s apacibles? Son aquellos en que menos interviene la ley en la actividad privada, donde menos se hace sentir el gobierno; donde la Individualidad tiene m?s Iniciativa y la opini?n p?blica m?s influencia; .donde los rodajes administrativos son menos numerosos y complicados; los Impuestos menos pesados y menos desiguales; los descontentos populares menos excitados y en menor grado justificables; donde la responsabilidad de los individuos y de las clases es m?s efectiva, y donde, en consecuencia, si no son perfectas las costumbres, tienen tendencia invencible a rectificar; donde las transacciones, los convenios y las asociaciones se ven menos trabadas; donde trabajo, capitales y poblaci?n sufren menores desplazamientos artificiales; donde la humanidad obedece m?s a su propia inclinaci?n; donde el pensamiento de Dios prevalece m?s sobre las invenciones humanas; aquellos, en una palabra, que m?s se acercan a la siguiente soluci?n: dentro de los l?mites del derecho, todo debe hacerse por la libre y perfectible espontaneidad del hombre; nada por medio de la ley o la fuerza, sino por la justicia universal.





LA PASION DEL MANDO


Hay que decirlo: hay en el mundo exceso de ?grandes? hombres; hay demasiados legisladores, organizadores, instituyentes de sociedades, conductores de pueblos, padres de las naciones, etc. Demasiada gente que se coloca por encima de la humanidad para regentarla, demasiada gente que hace oficio de ocuparse de la humanidad.



Se me dir?: Usted que habla, bastante se ocupa de ella. Cierto es. Pero habr? de convenirse que lo hago en un sentido y desde un punto de vista muy diferente y que si me entrometo con los reformadores, es ?nicamente con el prop?sito de que dejen en paz a la gente.



Me ocupo, no como Vaucanson de su aut?mata, sino como fisi?logo del organismo humano; para estudiarlo y admirarlo.



Me ocupo, con el esp?ritu que animaba al c?lebre viajero: Lleg? a una tribu salvaje. Acababa de nacer un ni?o y una turba de adivinos, brujos y emp?ricos lo rodeaban, armados de anillos, ganchos y ataduras. Dec?a uno: este ni?o no sentir? jam?s el perfume de una pipa, si no le alargo las narices. Otro: quedar? privado del sentido del o?do, si no hago que sus orejas le cuelguen hasta los hombros. Un tercero: no ver? la luz del sol si no doy a sus ojos una direcci?n oblicua. El cuarto; jam?s podr? tenerse en pie si no le encorvo las piernas. El quinto: no podr? pensar, si no comprimo su cerebro: ?Atr?s!, dijo el viajero, Dios hace bien sus obras; no pretend?is saber m?s que El y ya que ha dotado de ?rganos a esta endeble criatura, dejad que esos ?rganos se desarrollen y se fortifiquen por el ejercicio, los ensayos, la experiencia y la libertad.





AHORA, A PRUEBA IA LIBERTAD


Tambi?n ha dotado Dios a la humanidad de todo lo necesario para realizar sus destinos. La ha provisto de una forma de ser de la misma manera que hay una forma humana. Los ?rganos sociales tambi?n est?n constituidos en forma tal que pueden desarrollarse arm?nicamente al aire de la libertad. ?Rechacemos, pues, a los farsantes y organizadores! ?Atr?s con sus anillos, cadenas, ganchos y pinzas! ?Afuera su falansterio, su taller socializado, su gubernamentalismo, su centralismo, sus tarifas aduanales, sus escuelas y universidades gratis, su religi?n de Estado, su cr?dito gratuito y su monopolio bancario, sus regulaciones y restricciones a la vida econ?mica, su igualaci?n por medio del impuesto y su piadosa moralizaci?n.



Y puesto que se han probado en el cuerpo social ya tantos sistemas, que se termine por donde se debi? empezar: que sean rechazados todos ellos y que se ponga finalmente a prueba la libertad, la libertad que es un acto de fe en Dios y en su obra.





NOTAS DEL EDITOR:



Para esta edici?n, realizada originalmente por el Centro de Estudios Econ?micos-Sociales de Guatemala (www.cees.org.gt) , se han vuelto a revisar las traducciones anteriores al ingl?s y al espa?ol, y se confrontaron con la versi?n francesa original; se incluyeron varios p?rrafos y notas omitidas. Las notas de Bastiat se incorporaron al texto. Las palabras, expresiones y p?rrafos en cursiva vienen del original franc?s. El ?nfasis en negrita es del Editor. El original no tiene subt?tulos ni est? dividido; ?stos fueron agregados por el Dr. Dean Russell, de FEE, para su versi?n en ingl?s. Este autor, que es un experto en la obra de Bastiat y su principal traductor, escribi? sobre ?l ?Frederic Bastiat: Ideas and lnfluence? y ?Government and Legal Plunder?. Est? tambi?n la obra del Dr. George Roche ?Frederic Bastiat: A Man Alone?. Para comprender mejor el ambiente y la importancia del debate de la ?poca en que La Ley fue escrita, ver la obra de F. A. Hayek ?The Counter-Revolution of Science?, segunda parte.





FREDERIC BASTIAT

(1801-1850)



Fr?d?ric Bastiat naci? y muri? en Francia durante la primera mitad del Siglo XIX. Fue aquella una ?poca convulsionada y divisiva, en la que a la juventud se le exig?a involucrarse en las luchas ideol?gicas y en las revoluciones que culminaron con la destrucci?n del antiguo r?gimen en Europa. Pero, la alternativa a los Estados Nacionales Mon?rquicos, a los Emperadores aut?cratas, o a las tiran?as militares, no estaba clara y el debate habr?a de durar hasta bien entrado el Siglo XX. Las opciones del intervencionismo del Estado en la econom?a mediante los privilegios fiscales -el proteccionismo-, el radical movimiento comunista y el indefinido socialismo, eran las corrientes m?s populares. Ante estas corrientes destructoras del progreso de los pueblos, Bastiat enarbol? la bandera de la libertad, ca?da tras la degeneraci?n de principios y las luchas sanguinarias en que culmin? Revoluci?n Francesa.



De sus numerosos ensayos, todos ellos escritos con ejemplos claros y argumentos demoledores de sus opositores, ?LA LEY? (1848), es el m?s conocido. La ley es la justicia; es la prevalencia del derecho sobre el poder; es, en s?ntesis, la libertad definida. Pero, tambi?n puede la ley pervertirse y pasar a ser un instrumento de robo legalizado. A ello el autor le llama ?expoliaci?n?. Bastiat, en pocas palabras, defini? las circunstancias que nos conducen o nos alejan a lo que hoy se conoce como EL ESTADO DE DERECHO.



Para los pa?ses como el nuestro, en que el proteccionismo arancelario, los privilegios fiscales y los derechos sociales son ?la ley?, y en donde la corrupci?n y la ?crisis de gobernabilidad? son los temas de la ret?rica pol?tica, el mensaje de Bastiat es muy iluminador. Ya hemos creado la forma de ser y de organizaci?n de la vida p?blica que ?l aborreci?: ?El Estado es la ficci?n mediante la cual todos tratamos de vivir a expensas de los dem?s?. Escuchemos sus advertencias.

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