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Resumen Camino de Servidumbre

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Cap?tulo X
Por qu? suben los peores


Algunos piensan que los peores rasgos del socialismo se deben a simples accidentes hist?ricos, a que fueran individuos de baja catadura moral los que organizaron el sistema (10). Pero hay razones para creer que estos rasgos no son accidentales sino que fen?menos que un sistema totalitario tiene que producir tarde o temprano. Al igual que un estadista que quiera planificar se ver? confrontado con la necesidad de adquirir poderes dictatoriales o renunciar a sus planes, el dictador totalitario tendr? que optar entre la renuncia a los valores morales ordinarios o el fracaso. Es por esta raz?n que en una sociedad que tienda al totalitarismo tendr?n m?s ?xito los inescrupulosos. Quien no comprenda esto, no comprender? el abismo que separa al totalitarismo del r?gimen liberal, la diferencia de atm?sfera moral entre el colecitivismo y el car?cter esencialmente individualista de la civiliaci?n occidental.
En momentos de confusi?n, muchas veces se experimenta fatiga con los procedimientos de la democracia, con el car?cter lento e intermitente de un progreso que tiene que conseguirse sobre la base de m?ltiples transaciones entre diferentes contradictorios. Es en esos momentos cuando se experimenta la necesidad de una direcci?n fuerte, que arrastre y que consiga resultados.
Lo normal en una democracia e, inclusive, dentro de los mismos partidos, es la diversidad de opiniones. Esto es perfectamente normal. Mientras m?s alto el nivel de educaci?n y cultura, m?s tienden a diferenciarse las opiniones. Es por esto, precisamente, que en una democracia cualquier grupo puede ganar una fuerza desproporcionada en relaci?n con el n?mero de sus militantes gracias al apoyo total de sus seguidores. En una democracia esto es casi imposible de conseguir y sus dirigentes tampoco lo pretenden. Pero el que consiga esto habr? dado un paso importante en el camino hacia la captura del poder, desde donde podr?, a su vez, extender el imperio de su voluntad a todo el pa?s.
Hist?ricamente, ha habido momentos en que todos los partidos democr?ticos (burgueses) han enfrentado grandes emergencias nacionales que han debilitado las instituciones y en los que la desmoralizaci?n y la desesperaci?n llevan a las masas a pedir cambios a toda costa. En esos momentos, la existencia de un grupo que tenga una visi?n universal y que parezca tener respuesta para todos los problemas, puede convertirse en una fuerza pol?tica decisiva. En este momento, lo que hace falta para capturar el poder es una organizaci?n pol?tica con un apoyo particularmente firme. Apoyo que no sea tanto el de los votos de una masa, con el apoyo sin reservas de un grupo m?s peque?o pero mejor organizado.
Originalmente, el esp?ritu democratista de los partidos socialistas de Europa esperaba a que una mayor?a estuviera de acuerdo en su plan para reorganizar el conjunto de la sociedad. Pero algunos comenzaron a sospechar que en una sociedad
planificada, lo importante no era en qu? estaba de acuerdo la mayor?a del pueblo, sino cu?l era el mayor grupo que estuviera lo suficientemente de acuerdo para hacer posible una direcci?n centralizada, total, efectiva o, si ese grupo no existiera, c?mo podr?a crearse.
Pero ?qu? puntos de vista morales tender? a producir una organizaci?n colectivista de la sociedad? ?Cu?les ser?n las cualidades m?s a prop?sito para llevar a los individuos al ?xito en un sistema totalitario?
Hay varias razones por las que la tendencia ser? a que esos grupos no est?n formados por los mejores sino por los peores elementos de la sociedad. En primer lugar, mientras mayor sea la educaci?n y la inteligencia de la gente, m?s diferenciados ser?n sus gustos y sus puntos de vista, y menos probable que puedan estar de acuerdo en una gama muy amplia de valores.
Por el contrario, para encontrar esa unanimidad, hay que descender a los niveles m?s bajos, donde prevalecen los gustos e instintos m?s primitivos. El mayor n?mero de personas con valores muy similares ser? el grupo de los niveles m?s bajos. Lo que une al grupo es el m?nimo com?n denominador. Los miembros del partido totalitario ser?n los que menos convicciones tengan, los m?s cr?dulos, los m?s dispuestos a aceptar un sistema de valores preestablecidos con tal de que se le repita con la suficiente frecuencia.
Y en tercer lugar, parece ser una ley de la naturaleza humana que es m?s f?cil ppara la gente estar de acuerdo en un programa negativo que en uno positivo. El contraste entre ellos y nosotros, la lucha entre los de adentro y los de afuera, parece ser un ingrediente indispensable en cualquier credo que quiera unir s?lidamente a un cierto grupo.
En realidad, es cuestionable si puede concebirse un programa colectivista que no est? al servicio de alg?n tipo de particularismo, de naci?n, raza o clase. No es practicable la idea de una comunidad de objetivos e intereses que abarque a todos los hombres. La coherencia de ese programa le exigir?a una proyecci?n internacional francamente filantr?pica. El colectivismo no tiene espacio para el amplio humanitarismo del liberalismo. Los socialistas, por ejemplo, empezando por Marx y Engels, siempre menospreciaron a las peque?as nacionalidades.
Por otra parte, si la comunidad es anterior al individuo y si sus fines son independientes y superiores a los de los individuos, entonces s?lo los individuos que trabajen para esos mismos fines comunitarios podr?n ser considerados como miembros de la comunidad. Su valor se derivar? de esta membrec?a y no de su calidad de ser humano.
En realidad, entre los factores que tienden al colectivismo est? ese sentimiento de inferioridad que impulsa al individuo a identificarse con un grupo y, por lo tanto, ese sentimiento s?lo ser? satisfecho si la membrec?a en ese grupo le da alguna superioridad sobre los que no forman parte del mismo.
Como dec?a Reinhold Niebuhr: ?Existe una creciente tendencia entre los hombres modernos de imaginarse a s? mismo ?ticos porque han delegado sus vicios en grupos cada m?s grandes?. Actuar a nombre de un grupo parece liberar a la gente de las restricciones morales que controlan su cmportamiento como individuos.
Mientras que los grandes fil?sofos sociales del individualismo dentro de la gran tradici?n liberal han considerado siempre al poder como un peligro para la libertad del hombre, los colectivistas lo han considerado como un bien en si mismo. Esto se deriva de su deseo de organizar a la sociedad de acuerdo a un plan unitario. Para poder conseguir una reorganizaci?n radical de la sociedad, los colectivistas necesita disponer de un poder sin precedentes. En contraste, el vilipendiado poder econ?mico nunca llega a a ser un poder sobre toda la vida de la persona.
De la necesidad de un sistema de objetivos com?nmente aceptado, y del deseo de darle el m?ximo de poder a un grupo para conseguir esos objetivos, se desprende un sistema de valores que excluye una moral universal, v?lida para todas las circunstancias. Es algo similar al caso del imperio de la ley. Las reglas de la ?tica individual, aunque imprecisas, son absolutas y prohiben cierto tipos de acciones, independientemente de que las intenciones sean buenas o malas. Estafar, torturar, traicionar la confianza son malas acciones independientemente del objetivo que sirvan. Aunque a veces tengamos que escoger entre distintos males, siempre los consideraremos como males.
El fin justicia los medios es un principio que, en la ?tica individualista, significa la negaci?n de la moral pero que en la ?tica colectivista representa la ley suprema. El principio de la raison d?etat en las relaciones entre los pa?ses, es aplicado por el estado colectivista a las relaciones entre los individuos.
Eso no significa, por supuesto, que la ?tica colectivista no considere conveniente cultivar ciertos h?bitos ?tiles. Todo lo contrario. Se tomar? mayor inter?s en los h?bitos individuales que los comunidad individualista. Para ser un miembro ?til de una comunidad colectivsta hacen falta ?h?bitos ?tiles? que hay que fortelecer con una pr?ctica constante. Sirven para llenar el vac?o entre las ?rdenes aunque nunca para justificar un desacuerdo con la autoridad.
A los buenos alemanes se les ten?a por ser industriosos, disciplinados, conscientes, responsables, ordenados, con sentido del deber, con respeto por la autoridad y disposici?n para el sacrificio. Eran un excelente instrumento para ejecutar ?rdenes. Pero de lo que el ?alem?n t?pico? carec?a es de las virtudes individualistas de la tolerancia, de la independencia de pensamiento y de la disposici?n a defender las convicciones propias, de la consideraci?n por los d?biles y de una cierta avers?on por el poder que s?lo una vieja tradici?n de libertad personal ayuda a crear. Tambien es deficiente es cualidades menores pero importantes como bondad, sentido del humor, modestia, respeto por la privacidad y creencia en las buenas intenciones de los dem?s. Estas son virtudes que facilitan los contactos sociales y que no s?lo hace superfluo el control externo sino que lo dificultan. Son virtudes que han florecido siempre en una sociedad individualista o comercial, y que son raras en la sociedad colectivistas o de tipo militar.
Una vez que se admite que el individuo es s?lo un medio para servir los fines de una entidad superior, llamada estado o naci?n, la mayor parte de las caracter?sticas de una sociedad totalitaria se derivan con inflexible necesidad. La intolerancia, la represi?n de la disidencia y el menosprecio por la vida y la felicidad del individuo, son consecuencias fatales e inevitables de esa premisa. El colectivista prooclamar? la superioridad de un sistema sobre otro que permite que los intereses ?egoistas? estorben la realizaci?n de los fines de comunidad.
Pero aunque la masa de los ciudadanos puede mostrar una devoci?n altruista, no se puede decir lo mismo de los que dirigen ese proceso. Para ser ?til en la direcci?n de un estado totalitario, no basta con que el individuo tenga que estar preparado para justificar cualquier acci?n canallesca, ?l mismo tiene que estar dispuesto a quebrantar toda regla moral para poder alcanzar los fines que se le han asignado. Tiene que estar absolutamente comprometido con la persona del l?der pero, despu?s de ese principio vital, tiene que ser un hombre literalmente capaz de todo. En una sociedad totalitaria, las posiciones en las que hay que deliberadamente enga?ar, intimidar y ser cruel son numerosas.
Evidentemente, es muy probable que esas posiciones sean ejercidas por individuos naturalmente afines a las mismas. El ?nico gusto personal que el funcionario de un sistema totalitario pued satisfacer plenamente es el de ser obedecido, y el de formar parte de una aparato enormemente poderoso al que todo el mundo tiene que obedecer.

(10) As? se oye hablar con demasiada frecuencia de los antecedentes gangsteriles de Fidel Castro.

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