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Resumen Camino de Servidumbre

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Cap?tulo XI
El fin de la verdad


Por supuesto, la manera m?s efectiva de hacer que todo el mundo sirva los fines de un plan social es que todo el mundo crea en esos fines. Para conseguir que un sistema totalitario funcione efectivamente no basta con que todo el mundo se vea obligado a trabajar por esos fines, es necesario que la gente haga suyos esos fines. En general, el control de todos los medios de comunicaci?n le permite a un gobierno totalitario influir en gran medida sobre la gente.
Si el objetivo de la propaganda totalitaria s?lo fuera instruir a la gente en otro c?digo moral, el problema se limitar?a a si ese c?digo es bueno o es malo. Pero esa propaganda tiene un influencia negativa aun m?s profunda, es destructiva porque socava el fundamento de toda moral: el sentido y el respeto por la verdad
La propaganda totalitaria no puede limitarse a pincipios abastractos. Tiene que llevar a la gente a creer no s?lo en los fines sino tambi?n en los medios. La autoridad no s?lo tendr? que estar tomando decisiones constantemente sobre temas sobre los que no hay reglas morales definidas, sino que tambi?n tendr? que justificar sus decisiones ante la gente. Tendr? que racionalizar los gustos y las aversiones que, a falta de otros criterios, tienen que guiar a los planificadores. Y tendr? que plantear esas ?razones? de la manera m?s atractiva posible, vi?ndose obligada a construir teor?as que luego se convierten en parte integral de la doctrina.
El proceso de creaci?n de un ?mito? para justificar sus acciones no tiene que ser consciente. El l?der totalitario puede simplemente estar guiado por una aversi?n instintiva por el estado de cosas que ha encontrado y por un deseo de crear un nuevo orden jer?rquiico que se adapte mejor a su concepci?n del m?rito. De esa forma, abrazar? teor?as que parezcan proporcionarle una justificaci?n racional para lo que, en realidad, son simplemente los prejuicios que comparte con muuchos de sus asociados. Es de esa forma que una teor?a pseudo cient?fica se convierte en parte del credo oficial que, en mayor o menor medida, dirige las acciones de todos.
La necesidad de semejantes doctrinas oficiales como instrumento de direci?n y de unificaci?n han sido previstas por varios te?ricos del sistema totalitario, empezando por las ?nobles mentiras? de Plat?n. Son puntos de vistas particulares sobre los hechos que se elaboran como teor?as pseudocient?ficas para poder justificar opiniones preconcebidas.
La mejor manera de hacer que la gente acepte la validez de los valores que van a tener que servir es convenci?ndola de que son los mismos valores que ellos mismos hab?an apoyado siempre pero que no hab?an sabio comprender o reconocer antes. Se logra que la gente transfiera su lealtad de los viejos dioses a los nuevos con el pretexto de que los nuevos son realmente los que su sano instinto les hab?a dicho siempre, aunque antes s?lo lo hab?an percibido a medias. Y la manera m?s eficiente de conseguir esta nueva lealtad es usando las viejas palabras pero cambiando su significado. Pocos rasgos de los reg?menes totalitarios son, al mismo tiempo, tan confusos para el observador superficial y tan caracter?sticos del clima intelectual que impera en ellos como la completa perversi?ndel lenguaje, el cambio de significado de las palabras.
Por supuesto, la principal v?ctima en este sentido es la palabra ?libertad?. Dondequiera que se ha destruido la libertad, se ha hecho a nombre de alguna nueva libertad prometida. Lo mismo sucede con ?justicia?, ?ley?, ?derecho? e ?igualdad?, entre muchas otras. Gradualmente, en lo que este proceso se desarrolla, todo el lenguaje va perdiendo su sentido y las palabras se convierten en cascarones huecos desprovistas de significado preciso, y tan capaces de describir un fen?menos como su opuesto.
Por supuesto, no es dif?cil despojar a la mayor?a de un pensamiento independiente. Pero siempre existir? una minor?a que retendr? una inclinaci?n a criticar y que tendr? que ser silenciada. Hemos visto por qu? la coerci?n no puede limitarse a una aceptaci?n pasiva del nuevo c?digo ?tico. Y puesto que muchos elementos de ese c?digo no podr?n ser expl?citamente formulados ya que s?lo existir?n impl?citamente en las medidas del gobierno, esas medidas mismas tendr?n que estar exentas de toda cr?tica. Si la gente tiene que apoya el esfuerzo com?n sin vacilaciones, tiene que estar convencida no s?lo del fin a perseguir sino tambi?n de que los medios son los mejores posibles. Por consiguiente, el credo oficial, cuyo acatamiento tiene que ser impuesto, comprender? tambi?n la interpretaci?n de los hechos sobre los que se basa el plan. La cr?tica tendr? que ser suprimida porque debilitar? el apoyo popular.
Como dec?an los Webbs hablando sobre la posici?n de cada empresa sovi?tica: ?Mientras se este desarrollando el trabajo, cualquier expresi?n p?blica de duda, o incluso de que el plan no vaya a tener ?xito, es un acto de deslealtad e inclusive de traici?n debido a sus posibles efectos sobre la voluntad y los esfurzos del resto del personal?. Y, por supuesto, cuando esas dudas se refieren al conjunto del plan social, tendr?n que ser tratadas como sabotaje.
Todo el aparato de divulgaci?n del conocimiento ser? utilizado exclusivamente para difundir los puntos de vista que, verdaderos o falsos, fortalezcan la creencia en la justeza de las decisiones del gobierno; y cualquier informaci?n que puede arrojar dudas o vacilaciones ser? suprimida. El probable efecto sobre la lealtad popular se convierte as? en el ?nico criterio para decidir si una informaci?n cualquiera ser? publicada o suprimida. Por consiguiente, no hay ning?n campo a donde no se extienda el control sistem?tico de la informaci?n, y donde no se impongan puntos de vista uniformes.
El esp?ritu del totalitarismo condena cualquer actividad que no tenga un prop?sito bien definido. Toda actividad tiene que derivar su justificaci?n de un prop?sito social deliberado. No puede haber ninguna actividad espont?nea puesto que pudiera generar consecuencias imprevistas para el plan. Semejantes aberraciones son producto del deseo de verlo todo dirigido por ?una concepci?n unitaria?, de la creencia de que el conocimiento y las creencias de todo un pueblo no son m?s que instrumentos al servicio de un objetivo ?nico. La misma palabra ?verdad? pierde su sentido original, se convierte en lo que decida el gobierno, en algo que tiene que creerse en inter?s de determinados objetivos, y que podr? que ser alterado si ese objetivo lo exige. Esto genera un clima intelectual de absoluto cinismo en relaci?n con la verdad, la p?rdida del sentido e, inclusive, del significado de la verdad, la desaparici?n del esp?ritu de investigaci?n independiente y de la fe en el poder de la raz?n (11).
La propaganda totalitaria afirma que en las sociedades de libre mercado no hay verdadera libertad porque las opiniones y los gustos de las masas son influidos por la propagada, por los anuncios, por el ejemplo de las clases acomodadas y por otros factores ambientales. De ello deducen que las ideas y los gustos de las masas siempre son producto de circunstancias que pueden ser controladas, y que debemos utilizar ese poder deliberadamente para encauzar los pensamientos de la gente hacia lo que considermaos la direcci?n correcta.
Probablemente sea cierto que, en cualquier sociedad, la libertad de pensamiento s?lo sea directamente importante para una peque?a minor?a. Pero esto no significa que nadie sea competente, o deba de tener el poder para seleccionar qui?nes son los que van a ser libres. Y ciertamente no justifica la presunci?n de ning?n grupo de tener el derecho de determinar lo que la gente deba pensar o de creer. El principal factor del progreso intelectual no es que tod mundo pueda pensar o escribir sino que cualquier causa o cualquier idea pueda ser defendida por alguien. Mientra no se suprima la disidencia, siempre habr? alguien que cuestione las ideas dominantes entre sus contempr?neos y someta otras nuevas a la prueba de la discusi?n y de la cr?tica.
Lo que constituye la vida del pensamiento es la interacci?n entre diversos individuos con conocimientos y puntos de vista diferentes. El desarrollo de la raz?n es un proceso social basado en la existencia de esas diferencias. Est? en su misma esencia que sus resultados no puedan ser pronosticados, que no podamos saber cu?les ideas ayudar?n a este progreso y cu?les no. El desarrollo no puede ser gobernado por los puntos de vista que tenemos actualmente sin que, al mismo tiempo, lo estemos limitando. ?Planificar? u organizar? el desarrollo del conocimiento es una contradici?n de t?rminos. Pensar que la mente humana puede controlar su propio desarrollo es confundir la raz?n individual, (la ?nica que puede ?controlar conscientemente? algo) con esos procesos impersonales que generan su desarrollo. Al intentar controlar ese desarrollo, simplemente lo estamos limitando. Tarde o temprano, esto conducir? al estancamento del pensamiento y a la decadencia de la raz?n.
La tragedia del pensamiento colectivista es que, aunque empieza erigiendo a la raz?n en la fuerza suprema, termina destruy?ndola porque malinterpreta los procesos de los que depende su desarrollo. El individualismo, por el contrario, representa una actitud de modestia ante este gran proceso social, y de tolerancia por las opiniones de los dem?s. El exacto opuesto del pesamiento colectivista.

(11) El criterio de verdad objetiva se encuentra bajo un terrible ataque en los medios intelectuales de Estados Unidos. Para los te?ricos del postmodernismo la ?verdad? es totalmente relativa al grupo en que uno se encuentre. Este relativismo cultural, cuyo objetivo b?sico es desvalorizar la civilizaci?n occidental y su sistema de valores, es otra de las premisas ideol?gicas del fascismo que circulan ampliamente entre los modernos ?progresistas? norteamericanos.

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