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Resumen Camino de Servidumbre

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Cap?tulo I
El Camino Abandonado


Desde por lo menos 25 a?os antes de que el espectro del totalitarismo se convirtiera en una amenaza real, nos hemos estado alejando de las ideas b?sicas que han servido de fundamento a la civilizaci?n occidental. Hemos ido renunciando progresivamente a la libertad en los asuntos econ?micos. Sin embargo, sin esa libertad en los asuntos econ?micos, la libertad pol?tica y personal nunca ha existido en el pasado. Aunque hemos sido advertidos por los m?s grandes pensadores pol?ticos del siglo XIX como De Tocqueville y Lord Acton, de que el socialismo significa esclavitud, nos hemos estado moviendo precisamente en la direcci?n del socialismo.
Nos hemos estado alejando r?pidamente no s?lo de las ideas de Adam Smith y Hume, sino de las de Locke y Milton, y hasta de las caracter?sticas b?sicas de la civilizaci?n occidental establecidas por el cristianismo y la filosof?a de los griegos y los romanos. Se ha estado abandonando progresivamente el individualismo b?sico de Erasmo y Montaigne, de Cicer?n y T?cito, de Pericles y Tuc?dides. El individualismo se ha convertido en una mala palabra, y se ha querido hacer sin?nimo de mezquindad y de ego?smo. Esto es completamente err?neo. El individualismo es el opuesto del socialismo, el fascismo y las dem?s formas de colectivismo. Los rasgos esenciales del individualismo se han derivado de elementos cristianos y de la filosof?a de la antig?edad cl?sica que se cristalizaron por primera vez en el Renacimiento, y que se siguieron desarrollando en lo que conocemos hoy como la civilizaci?n occidental (2).
La progresiva transformaci?n de un r?gido sistema jer?rquico e otro sistema en donde los hombres pudieran intentar escoger su propio camino y donde hubiera la posibilidad de escoger entre diversas formas de vida, se encuentra ?ntimamente relacionado con el desarrollo del comercio. Una nueva perspectiva de la vida fue extendi?ndose junto con el comercio desde las ciudades comerciales del norte de Italia hacia el norte y el oeste, a trav?s de Francia y del suroeste de Alemania hasta Holanda y las islas brit?nicas, echando profundas ra?ces dondequiera que no hubiera alg?n despotismo que pudiera asfixiarla.
Fue en Holanda y en Inglaterra donde el comercio pudo desarrollarse mejor y convertirse en el fundamento de la vida pol?tica y social de esos pa?ses. Y fue de ah? que, a fines de los siglos XVII y XVIII comenz? de nuevo a extenderse, en una forma m?s desarrollada, hacia el este y el oeste, hacia el Nuevo Mundo y el centro de Europa, donde la opresi?n pol?tica y guerras devastadoras hab?an asfixiado los tempranos inicios de un desarrollo similar.
Durante todo este per?odo moderno de la historia de Europa, la direcci?n general del desarrollo social hab?a sido hacia la
liberaci?n del individuo de las tradiciones culturales que lo manten?an limitado en sus actividades ordinarias. La consciencia de que los esfuerzos espont?neos de los individuos eran capaces de producir un orden complejo de actividades econ?micas, como era el mercado, s?lo pudo producirse despu?s que ese desarrollo hubo hecho alg?n progreso. La subsiguiente elaboraci?n de una argumentaci?n coherente a favor de la libertad econ?mica fue el resultado del libre crecimiento de esa actividad econ?mica que, a su vez, hab?a sido el resultado, espont?neo e imprevisto, de la libertad pol?tica.
Quiz?s si el mayor resultado del desencadenamiento de las energ?as individuales fue el maravilloso crecimiento de la ciencia que sigui? la marcha de la libertad individual de Italia a Inglaterra, y m?s all?. Por supuesto que en otras ?pocas la capacidad de invenci?n no hab?a sido menor. Sin embargo, en otras ?pocas, los intentos de extender el uso de las invenciones mec?nicas hab?a sido r?pidamente suprimido y el anhelo de cocimiento hab?a sido sofocado. La concepci?n dominante en la mayor?a se utilizaba como justificaci?n para rechazar al innovador individual. S?lo desde que libertad industrial abri? el camino para explorar nuevos conocimientos, s?lo cuando todo pudo ensayarse -si se pod?a encontrar a alguien que lo respaldara a su propio riesgo- fue que la ciencia comenz? a avanzar con pasos de gigante.
Lo que el siglo XIX a?adi? al individualismo del per?odo precedente fue la consciencia de la libertad, el desarrollo sistem?tico de lo que hab?a ido creciendo de manera espont?nea, y extender esas ideas de Inglaterra y Holanda al resto de Europa.
Los resultados de este crecimiento superaron todas las expectativas. Dondequiera que se eliminaron las barreras al libre ejercicio del ingenio humano, el hombre pudo satisfacer un diapas?n cada vez m?s amplio de sus necesidades (3). Y aunque el aumento del nivel de vida llev? a descubrir r?pidamente aspectos tenebrosos de la sociedad, aspectos que la gente ya no estaba dispuesta a tolerar, el progreso lleg? a todos los estratos de la sociedad. L?gicamente, el ?xito desarroll? la ambici?n. Pronto, lo que hab?a sido una deslumbradora promesa dej? de parecer suficiente. Se percibi? el ritmo del progreso como muy lento, y los mismos principios que hab?an hecho posible ese progreso comenzaron a percibirse como obst?culos para un progreso todav?a m?s r?pido.
Los principios b?sicos del liberalismo no se oponen en lo m?s m?nimo al cambio. El principio fundamental del liberalismo: que para el ordenamiento de nuestros asuntos debemos hacer tanto uso como sea posible de las fuerzas espont?neas de la sociedad, y recurrir tan poco como sea posible a la coerci?n, es capaz de infinitas variaciones. Y, por supuesto, tambi?n ha progresado nuestra comprensi?n de las fuerzas sociales y de las condiciones m?s favorables para que esos principios funcionen de la mejor manera posible. (p?g. 18)
En realidad, la p?rdida de popularidad del liberalismo se explica, en cierta medida, por su propio ?xito. Ha venido a ser considerado un credo ?negativo? porque no puede ofrecerle a los individuos otra cosa que una participaci?n en el progreso general. Sin embargo, ya no se reconoce que ese progreso ha sido precisamente el resultado de la pol?tica liberal de libertad. Todo lo contrario, los hombres se han acostumbrado tanto a su nueva prosperidad que ahora las desigualdades les parecen insoportables e injustificadas. Ahora, la gran pregunta no es por qu? algunos llegan a la riqueza, sino por qu? no todos somos ricos.
En este cambio de perspectiva ha jugado un papel decisivo la transferencia acr?tica al terreno social de los h?bitos intelectuales engendrados por los h?bitos del ingeniero. Desde hace tiempo se pretende desplazar los an?nimos e impersonales mecanismos del mercado por la direcci?n ?consciente? de todas las fuerza sociales para poder alcanzar objetivos deliberadamente escogidos. En este proceso, ha sido muy importante que Inglaterra haya perdido su hegemon?a cultural alrededor de 1870 y que ?sta fuera pasando a Alemania. Hegel, List, Marx, Sombart y Mannheim se convirtieron e los pensadores m?s influyentes del mundo interpretando las ideas liberales como simples racionalizaciones de intereses ego?stas.
2) Actualmente, la arremetida contra la civilizaci?n occidental en Estados Unidos es directa. Bajo las banderas del llamado multiculturalismo, en numerosas universidades se han abandonado o rebajado dr?sticamente los tradicionales estudios sobre civilizaci?n occidental. Recientemente, la Universidad de Yale rechaz? una donaci?n de $20 millones (!) simplemente porque el donante quer?a que se invirtieran en el fortalecimiento de esos estudios tradicionales. Los multiculturalistas consideran que esos estudios son euroc?ntricos (es decir, de inter?s s?lo para descendientes de europeos y no de los mexicanos, chinos, vietnamitas, etc., que viven en Estados Unidos), racistas (de inter?s s?lo para blancos) machistas (de inter?s s?lo para varones) y hom?fobos (saturados de un temor patol?gico a los homosexuales). Y esto se ha convertido, en el decursar de las ?ltimas tres d?cadas, en la ideolog?a dominante en los medios acad?micos y de comunicaci?n en Estados Unidos. No es extra?o que los disidentes cubanos hayan encontrado tan poco apoyo en ellos. Quiz?s resida aqu? una de las claves ocultas de la supervivencia del r?gimen de Fidel Castro.
(3) Las consecuencias para la especie humana fueron incalculables. La poblaci?n de Europa, la m?s adelantada del planeta, se hab?a mantenido est?tica durante siglos. Pero, a partir del siglo XVIII, su crecimiento comenz? a acelerarse. Creci? de 140 millones en 1750 a 187 millones en 1800, a 266 millones en 1850. Pero este crecimiento no se limit? a los pa?ses europeos sino que se extendi? al mundo entero. La poblaci?n de Asia, por ejemplo, creci? en 300 millones en este mismo tiempo. La explosi?n demogr?fica, la mejor demostraci?n de la efectividad del capitalismo, ha seguido incontenible hasta el d?a de hoy. Y, a pesar de todo, el crecimiento de la productividad del trabajo siempre se ha mantenido siempre por delante del crecimiento demogr?fico.

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