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Resumen Camino de Servidumbre

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Cap?tulo II
La Gran Utop?a


El extraordinario que el socialismo haya desplazado al liberalismo como la doctrina ?progresista? de nuestro tiempo. Es extraordinario teniendo en cuenta que el socialismo fue reconocido tempranamente como una peligrosa amenaza para la libertad. No s?lo eso. El socialismo comenz? como una reacci?n abierta contra el liberalismo de la Revoluci?n Francesa. Ahora casi nadie recuerda que, en sus or?genes, el socialismo era francamente autoritario. Los escritores franceses que pusieron las bases del socialismo moderno no ten?an la menor duda de que sus ideas s?lo pod?an ser puestas en pr?ctica mediante un gobierno dictatorial.
S?lo bajo la influencia de las fuertes corrientes democr?ticas que precedieron la revoluci?n de 1848 comenz? el socialismo a aliarse con las fuerzas de la libertad. Nadie vio esto m?s claramente que Tocqueville.
?La democracia extiende la esfera de la libertad individual? dijo Tocqueville en 1848, ?el socialismo la restringe. La democracia le da todo el valor posible a cada hombre; el socialismo hace de cada hombre un simple agente, un n?mero. La democracia y el socialismo no tienen nada en com?n sino una palabra: igualdad. Pero observen la diferencia: mientras la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en la restricci?n y la servidumbre?.
Para acallar esas sospechas y convertir el poderoso anhelo de libertad en un aliado, el socialismo comenz? a hacer, cada vez m?s, promesas de una ?nueva libertad?. Era la libertad econ?mica sin la que, supuestamente, la libertad pol?tica ?carec?a de significado?. S?lo el socialismo era capaz de hacer culminar la vieja lucha por la libertad humana, en la que la libertad pol?tica no era sino el primer paso. Por supuesto, hubo que cambiar el significado de la palabra ?libertad? para hacer plausible este argumento. Para los creadores del concepto de la libertad pol?tica, ?sta hab?a sido siempre la libertad de la coerci?n, la libertad del poder arbitrario de otros hombres. Pero la ?nueva? libertad era la eliminaci?n de las circunstancias que limitan nuestras opciones. En este sentido, s?lo ven?a a ser un sin?nimo de poder o riqueza.
La promesa era que las disparidades en las opciones de la gente iban a desaparecer. La demanda de la nueva libertad no era sino otro nombre para la vieja demanda de la distribuci?n igualitaria de la riqueza. Esta promesa llev? a muchos liberales por el camino socialista, ceg?ndolos al ineludible conflicto que existe entre socialismo y liberalismo. Enga?ados, abrazaron al socialismo como si fuera el leg?timo heredero de la tradici?n liberal.
Resulta particularmente significativa, y digna de observar, la relaci?n entre fascismo y comunismo, y la facilidad con que se hace el tr?nsito de una ideolog?a a la otra. Es verdad que ambas ideolog?a compitieron en los a?os 30, pero ambas representan la misma ideolog?a colectivista y antiliberal y compitieron por el mismo tipo de mentalidad (3). Sin embargo, ninguna de las dos pod?an convencer a los liberales de viejo tipo. El socialismo democr?tico ha sido la gran utop?a de las ?ltimas generaciones. Es una idea inalcanzable, y luchar por ella provoca efectos tan radicalmente opuestos a los que se persiguen que cuesta trabajo aceptar su necesaria vinculaci?n.

(4) Son muy significativos los elementos fascistas en la ideolog?a multiculturalista de los liberales contempor?neos, con su nihilismo b?sico.


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