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Resumen Camino de Servidumbre

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Cap?tulo VI
La planificaci?n y el imperio de la ley


Nada distingue mejor a un pa?s libre de un pa?s bajo un gobierno dictatorial que la observancia del llamado imperio de la ley o estado de derecho (rule of law). Despojado de todo tecnicismo, el imperio de la ley (o estado de derecho) significa que todas las acciones del gobierno est?n limitadas por reglas establecidas y anunciadas previamente, reglas que permiten preveer con certeza la forma en que las autoridades utilizar?n sus poderes de coerci?n y que, de esa forma, permiten planificar la actividad individual.
Toda ley restringe en alguna medida la libertad individual al determinar los medios que pueden utilizarse para conseguir ciertos fines. Sin embargo, bajo el estado de derecho el gobierno no puede frustrar los esfuerzos individuales mediante medidas ad hoc, o espec?ficamente dirigidas a conseguirlo. Bajo el imperio de la ley, el gobierno se limita a fijar las condiciones de utilizaci?n de los recursos disponibles mediante reglas formales que no est?n dirigidas a la soluci?n de ning?n problema en particular. Son, simplemente, los medios establecidos para conseguir los fines individuales. Est?n concebidas para un per?odo de tiempo lo suficientemente largo como para que sea imposible saber por anticipado a quien van a beneficiar. Ayudan a la gente a predecir el comportamiento de aquellos con quienes tienen que colaborar, mas bien que a satisfacer necesidades particulares. Es, para poner un ejemplo, como el sistema de signalizaci?n de las carreteras, establece las reglas pero no le dice a nadie a d?nde ir.
La planificaci?n econ?mica colectivista es justamente lo opuesto. La autoridad planificadora no puede limitarse a proporcionar oportunidades para que personas desconocidas hagan con ellas lo que estimen conveniente. No puede amarrarse a reglas formales que limiten su acci?n. Y esto es as? porque los planificadores tienen que resolver necesidades concretas en la medida en que ?stas vayan apareciendo. Constantemente tienen que resolver problemas que, inevitablemente, dependen de las circunstancias y, al tomar esas decisiones, est?n obligados a balancear unos intereses contra otros. Al final, los puntos de vista de alguien tendr?n que decidir cu?les intereses son los m?s importantes, y esa decisi?n se convertir? en una ley que habr? que imponer por la fuerza, independientemente de cualquier reglamentaci?n anterior y de cualquier ?formalismo? preestablecido. El mercado permite guiarse por leyes generales fijas pero la direcci?n ?consciente?, por el contrario, necesita estarse reorientando constantemente. Por consiguiente, no puede permitir que una reglamentaci?n anterior, cuyos resultados no hab?an sido previstos, venga a estorbar o perjudicar los objetivos que ella misma se ha fijado.
Esta distinci?n entre leyes formales (que establecen las condiciones en que los individuos persiguen sus fines) y leyes sustantivas (en las que el estado trata de conseguir directamente ciertos fines) es muy importante aunque, al mismo tiempo, es dif?cil de precisar en la pr?ctica.
El estado debe limitarse a establecer reglas para situaciones generales y debe permitir plena libertad a los individuos en todo lo que tenga que ver con las condiciones concretas porque s?lo ellos pueden conocer plenamente las circunstancias de cada caso y adaptar sus acciones a las mismas. Si los individuos han de poder hacer planes efectivos, tienen que poder predecir las acciones gubernamentales que puedan afectar esos planes. Y si esas acciones han de ser predecibles, tendr?n que estar determinadas por reglas independientes de las condiciones concretas.
Por el contrario, si es el gobierno el que ha de dirigir las acciones individuales para conseguir sus propios fines, esa direcci?n tendr? que basarse en las cambiantes circunstancias del momento y, por lo tanto, ser? necesariamente impredecible. Mientras m?s planifique el estado, menos podr? planificar el individuo.
Una de dos. Si estado tiene que poder prever los resultados de sus acciones, no podr? dejar ninguna opci?n a los afectado por ellas. Y si queremos dejar opciones a la gente, los resultados de la acci?n gubernamental tendr?n que ser imprevisibles. Las reglas generales, a diferencia de las reglas espec?ficas o sustantivas, tienen que operar en circunstancias que no puedan ser previstas en detalle. Ser imparcial significa no tener respuesta para ciertas preguntas.
La planificaci?n implica elegir entre las necesidades de diferentes personas y permitirle a alguien lo que habr? que prohibirse a otro. Tiene que hacer obligatorio lo que se le permitir?, o no, a las personas. Para hacer posible una direcci?n centralizada de la econom?a es necesario legalizar lo que, a ojos vistas, son acciones arbitrarias. En realidad, esto significa una inversi?n del movimiento hist?rico progresivo ?del status al contrato?, es decir, de ?pocas donde lo ?nico que pod?an hacer las personas era lo que les era permitido por su posici?n social (status) como hab?a sido siempre en la historia de la humanidad hasta la aparici?n del capitalismo, hasta esta otra ?poca donde la actividad de las personas no tiene otra limitaci?n que lo que establezcan los acuerdos entre las partes (contrato) (7).
Cualquier pol?tica dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribuci?n ?m?s justa?, tiene necesariamente que conducir a la destrucci?n del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, ser?a necesario tratarlas de forma diferente. Y ?c?mo podr?a haber entonces leyes generales?
No puede negarse que el imperio de la ley produce desigualdad econ?mica, lo ?nico que puede alegarse es que esa desigualdad no est? concebida para afectar a nadie en particular. Es muy significativo que socialistas (y nazis) siempre hayan protestado contra la justicia ?simplemente? formal, por su deseo de conseguir ciertos resultados sociales a toda costa, y que siempre hayan criticado la independencia de los jueces.
Para que el imperio de la ley sea efectivo es m?s importante que haya una regla que se aplique sin excepci?n, que lo que la misma regla sea. Lo importante en que la regla permita predecir el comportamiento de los dem?s, y esto requiere que se aplique en todos los casos, inclusive en los que nos parezca que es injusta.
El estado de derecho es la encarnaci?n legal de la libertad. Como dijo Voltaire: ?El hombre es libre si s?lo tiene que obedecer las leyes?.
La idea de que no debe haber l?mite para el poder de los legisladores es, en parte, un resultado negativo de la soberan?a popular y el gobierno democr?tico. A veces se piensa que mientras todas las aciones del gobierno est?n debidamente autorizadas por los legisladores, vivimos bajo un estado de derecho. No es as?. El estado de derecho no tiene nada que ver con que las acciones gubernamentales sean legales. Decir que una sociedad no es un estado de derecho no significa que no tenga leyes, lo que significa es que el empleo de la coerci?n por parte del gobierno ya no est? determinado y limitado por reglas preestablecidas.
El conflicto es entre dos tipos de leyes, las leyes bajo un estado de derecho, que le permiten a los individuos prever como va ser utilizado el poder coercitivo del estado, y las leyes bajo una dictadura, que simplemente le dan a las autoridades el poder para hacer lo que estimen conveniente. En uno, el esp?ritu de la legislaci?n es proteger al individuo contra el poder del estado. En el otro, el esp?ritu de la ley es impedir toda limitaci?n a la voluntad de las autoridades. El imperio de la ley no significa que todo est? regulado por la ley sino, por el contrario, que el poder estatal s?lo puede ser usado en los casos definidos por la ley, y de forma tal que pueda preverse c?mo va a ser usado. El estado de derecho implica el reconocimiento de los derechos inalienables de los individuos, el reconocimiento de los derechos del hombre. En un caso ?no hay castigo sin ley?, en el otro,?no hay delito sin castigo?.
(7) Curiosamente, el socialismo representa entonces un movimiento de sentido inverso al desarrollo hist?rico y, por consiguiente, verdaderamente reaccionario. Es interesante, en este sentido, consultar a Popper (La Sociedad Abierta y sus Enemigos).

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